Recibí la invitación de una manera cordial, y tengo que reconocer que la posibilidad de participar en el presente libro me sedujo desde el primer momento.
Curiosamente, sin saberlo, yo formaba parte de una misteriosa cadena humana de complicidades, admiraciones mutuas, e intereses bienintencionados, y se me requería como eslabón para que continuara teniendo sentido la misma. Además, acepté encantado la propuesta porque tenía un interesante componente lúdico y, evidentemente, sucumbí a la provocación de ser entrevistado; hablar de mí es un capricho que no le puedo negar a mi ego.
La charla con Jose Ángel, autor confeso y responsable de empujar la primera ficha de su dominó indómito, fue amena, la recuerdo como un momento agradable donde yo tenía cabida. Percibí mucha generosidad en forma de escucha y, por qué no decirlo, humanidad militante y cierto aroma poético. Creo que si eres capaz de reconocer algo fuera es señal de que también habita en tu interior, por lo tanto, ciertas fragancias le reconfortan a uno. Mereció la pena el encuentro.
Situar a los medios de comunicación, al mundo de la información, al periodismo, etc., como el número cuatro en el escalafón de los poderes es una opción válida y coherente. Por qué no, también podría ser el primero, como apunta irónicamente el autor en el título del libro, dependerá de la magnitud del abuso cometido.
De todas formas, al igual que ocurre con Dios, que aunque sean tres no deja de ser uno, el poder, en sus diferentes manifestaciones, nunca dejará de ser un estado de nuestro ánimo malsano, un sucedáneo de la seguridad personal mal entendida y un refugio de lo vacíos cosechados a lo largo de la vida. Lo que sí se puede afirmar, con voz baja por respeto al resto de “fichas” que componen este dominó, es que los medios de comunicación se han convertido en voceros aliados y cómplices al servicio de los intereses del poderoso.
A esta incómoda circunstancia hay que añadir el eterno debate intrínseco del periodismo: ¿Qué hecho es susceptible de convertirse en noticia y cómo se debe abordar? Es por lo cual que el periodista, a menudo, tiene que defender su honestidad en un clima hostil de controversia y suspicacia. El panorama no es alentador si tenemos en cuenta estos datos, sin embargo, creo que es ahora, en este tiempo de convulsión, de desorientación y de falta de referentes, cuando más necesitamos una información bien gestionada. Y ante la tentación de aliarse con un poder, es recomendable comprometerse con el poderío del público y trabajar para él, para atender sus necesidades, que no en vano son las que dan sentido al oficio del comunicador, o deberían serlo al menos.
Siempre he admirado a los buenos profesionales del periodismo, como los que aparecen desnudos en el libro que tiene en sus manos, precisamente porque entiendo que la suya no es tarea fácil. Gracias a ellos, muchas personas han tenido argumentos para enriquecer sus reflexiones, y agarraderos para no caer en el abismo del desánimo y la tristeza propios de un país enfermo de odio y de un mundo desencajado. Delante de estas páginas cosidas a retales de momentos íntimos estamos, sin duda, ante una buena noticia.
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