El Best-Seller del Verano
14-agosto-2010Raúl Luceño
En este sábado de mediados de agosto, en el que los responsables de tráfico piden prudencia al volante al tratarse de uno de los fines de semana más peligrosos en la carretera del año, entiendo que poca gente se dejará caer enfrente de la pantalla de un ordenador, aunque seguro que hay unos cuantos fieles a Narradores que no perdonan su visita diaria a este espacio. Por éso, para ellos y para todos los demás, he pensado en buscar un tema liviano, de esos que invitan a la participación y que nunca está de más comentar.
Se trata de realizar una pseudo-investigación sociológica en torno a cuál puede ser, según la observación practicada por nuestros lectores, el best-seller del verano, esto es, cuál es el libro que más han visto que la gente lea durante estas fechas, en sus lugares de retirada, en la playa, en el campo, en el pueblo, en la piscina…
Y sí, he de reconocer que esta idea se la he copiado en parte a César Coca, responsable del blog Divergencias, quién ya planteó este ejercicio pero concretándolo, principalmente, en la playa. Nosotros vamos a abrir un poco más las áreas estivales y también, por qué no, en el afán de identificar el título más leído durante estos meses, podemos incluir los libros que ustedes, queridos Narradores, han leído o se hallan devorando en sus vacaciones. Vamos a ver si, con todo y entre todos, lo gramos identificar el best-seller del verano 2010.
Si les parece, les diré que yo el libro que más he visto entre las manos de los veraneantes patrios (no cuento a los extranjeros porque en la mayoría de los casos no identificaba la obra) en mi destino de vacaciones (que ha sido — hace mucho ya, snif… — Menorca) era ‘El Asedio’, la última obra de Arturo Pérez-Reverte. Y que por mi parte han caído ‘Rompepistas’ de Kiko Amat, ‘La Muerte en Venecia’ de Thomas Mann y ‘El 4º poder ¿o el 1º? en Euskadi’ de José Ángel Fernández García y editado por esta casa.
Pues ahora os toca a vosotros. Espero vuestras respuestas en el espacio destinado a los comentarios.

Si alguien os pidiera que le nombrarais alguna obra de George Orwell, seguramente que la mayoría de vosotros (y yo mismo), diría “Rebelión en la Granja” o “1984”. Y aunque quizás sean sus escritos más conocidos y actualmente se cataloguen como clásicos, George Orwell fue mucho más que esas dos novelas.
No soy aficionado a los toros y tampoco me he decantado nunca con rotundidad porque la llamada fiesta nacional desaparezca. Pertenezco a ese grupo anodino de personas que en esta cuestión nunca ha tomado partido; y no lo he hecho por dos motivos fundamentales, por una lado detesto como se martiriza a los toros durante la lidia y por otro comprendo perfectamente a sus defensores cuando nos hablan del valor económico del toro y la posibilidad real de desaparición del animal. Así que cobardemente me he mantenido en la temible y peligrosa línea intermedia.
Sigo enfrascado en mi lectura de cómics. Tras devorar (casi literalmente) ‘
Una mujer que se disfraza de soldado, un aya que viajara con ella para cuidarla, un fraile que antes fue soldado, el amor de una mujer por un hombre que no profesa su misma religión y como trasfondo la terrible y dura diáspora judía que se produjo en España. ¿Os imagináis todos estos ingredientes, bien mezclados y servidos en unas páginas maravillosas?
Todo el mundo recuerda momentos, fragmentos, cuadros, jugadas de fútbol, canciones… que le marcan y que hacen que, de alguna manera, sigas o no al autor o autora de la misma. Yo, entre todo ese mundo, tengo muchas, si bien, precisamente por ser tantas, me cuesta recordar bastantes y, al final, son cuatro o cinco las que siempre destaco.
¿Te gusta conducir? La verdad es que los publicitarios que hicieron el anuncio de
Carlos Sobera (presentador de televisión): “Me gustaría cubrir la llegada de emigrantes españoles a las costas africanas. Sería cojonudo”.
Pese a que el siguiente tema ya ha sido tratada en estas páginas por mi compañero Raúl,
Aunque nos guste nuestra vida, estemos contentos con nuestro trabajo y no tengamos problemas económicos, siempre miramos de reojo a todos esos personajes que aparecen asiduamente en el papel Cuché, que son actores, modelos, cantantes o futbolistas; porque pueden hacer cosas que nosotros sólo podemos soñar.