17-marzo-2010Mario Alfageme
Soy consciente de la importancia de delibes en la Literatura española y por qué no, universal (y todos los que ojean de vez en cuando estas páginas lo saben muy bien), pero también soy consciente de que con su muerte, escribir sobre el genio castellano del campo, no sería más que echar una gota de agua en un océano que no lo necesita. Por ello había decidido no hacer alusión a su fallecimiento hasta que José Pérez “Tranquilo”, amigo y colaborador de esta revista, me pidió publicar un respetuoso y breve recordatorio de un hombre querido y al que conoció en vida. Sentid sus palabras.
Hoy las letras se visten de luto
El insigne narrador de “La Tierra Herida” se encontró con la muerte en “El Camino” de la vida y sus restos reposan ya bajo “La Alargada Sombra del Ciprés”, un ciprés bien diferente al que creado por su fértil imaginación para escribir la novela del mismo nombre; la misma que en 1947 lo convirtió en ganador del premio Nadal.
La literatura española llora a uno de sus más grandes artífices; el periodismo a la portentosa figura de un pasado no muy lejano, y Castilla a un insigne caballero, condecorado con todos los galardones de la lengua española.
Miguel, amigo; yo no me resigno a decirte adiós. En todas las bibliotecas del mundo hispanoparlante sigues vivo, y así seguirás mientras la cultura siga siendo cultura; las novelas, novelas, y la literatura un arte.
No me atrevería a elegir una de tus obras, porque empezaría por una, y terminaría citándolas todas. Sólo quiero que allá donde te encuentres, sepas que una vez más, en tu memoria, visitaré los puntos clave que dejaste reseñados en “El Hereje”, y que luego me daré una vuelta por los campos donde cazabas, cuya descripción es tan bella y fidedigna, que sin haberlos recorrido in-situ, me parece estar contemplándolos en tres dimensiones, teniendo “El canto de los Grillos” como fondo sonoro.