
María está arreglándose frente al espejo. Desde el borde de la cama, donde estoy sentado, puedo verle la espalda, el culo y las piernas, ese vestido le queda realmente bien; lástima que sea un traje de luto. Sus manos se aferran a la pila de mármol, están crispadas y sujetan un cigarrillo al que ni siquiera da caladas. Hace una semana que murió Oscar y aquí me tienes, mirando los zapatos relucientes y recién pulidos sin saber muy bien qué hacer con ellos, qué hacer con todo el atuendo negro que llevo puesto y que sé de buena tinta que él no querría para su funeral, pero las formas son las formas; espero que no te enfades viejo amigo. Hace una semana que recibimos la noticia, nos despertó el teléfono a media noche para decirnos algo que ya imaginábamos; aun así nos golpeo como un mazo. No es fácil de digerir para María, sobre todo teniendo en cuenta la historia que tuvieron, y, desde luego, no es nada fácil para mí.
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