Premios, Premios, Premios
Los últimos diez días han sido prolíficos en la aparición de noticias relacionadas con la literatura. Por ello y aunque solamente sea por un pequeño espacio de tiempo, las letras han estado en boca de todo el mundo, incluso de los que no leen.
Jorge Monteleone, ha conjeturado sin el mínimo reparo, en una entrevista de La Nación (publicada hacia fines de mayo) que la poesía ha atravesado todos los hechos relevantes de nuestra historia. De eso -desde ya- no cabe ninguna duda. Es más, podríamos decir que la poesía, como género ideal en sí, ha traspasado a la realidad misma de lado a lado.
El crimen se ha convertido en el mayor problema de Latinoamérica, por encima de la pobreza, el desempleo o la educación. Ante un fenómeno social que no deja a nadie indiferente y que adopta distintas facetas, las expresiones artísticas y la literatura en general se ven inevitablemente influenciadas. En un acto literario sobre los conflictos, Marcos Tarre, escritor venezolano y asesor de seguridad, ha analizado las repercusiones de la violencia en el género de la novela negra y sus principales características.
Empezar por el final es una manera de comenzar. Esta es la segunda edición de “La fábrica de huesos”; la primera, de 1999, vendió sus dos mil ejemplares. Y al terminar la novela –en realidad, mucho antes de terminarla- comprendí el porqué. Por una vez le daré la razón a los números y además espero que llegue a la tercera edición.
Supongo que mucho de vosotros habréis visto la película “Solomon Kane”, estrenada en 1999, dirigida por Michael Basset e interpretada por Jemes Purefoy. La cinta narra las aventuras de Solomon Kane, un guerrero puritano del siglo XVII que tiene un oscuro pasado y se marca en la vida la meta de acabar con el mal en todas sus posibles formas.
El idioma se mueve. Esto es importante, necesario y sobre todo emocionante ya que cambia al ritmo que le impone la sociedad y todos, en mayor o menor medida somos partícipes de ese cambio y por ello debemos sentirnos protagonistas y jugar con él con cuidado y consideración.
No soy aficionado a los toros y tampoco me he decantado nunca con rotundidad porque la llamada fiesta nacional desaparezca. Pertenezco a ese grupo anodino de personas que en esta cuestión nunca ha tomado partido; y no lo he hecho por dos motivos fundamentales, por una lado detesto como se martiriza a los toros durante la lidia y por otro comprendo perfectamente a sus defensores cuando nos hablan del valor económico del toro y la posibilidad real de desaparición del animal. Así que cobardemente me he mantenido en la temible y peligrosa línea intermedia.
Por motivos de salud, la semana pasada, el que escribe, faltó a la cita cuasi diaria que tiene con los lectores de esta revista. Durante mi cautiverio y entre enfermeras sonrientes, voces de aliento de los más cercanos y medicación por un tubo (el que tenía insertado en mi brazo) he podido leer mucho y meditar sobre lo que leía.
Este pasado lunes, 28 de junio, las Juntas Generales de Gipuzkoa celebraron el acto anual en memoria de las víctimas del terrorismo y la violencia. Al mismo asistieron y dieron testimonio, familiares de las víctimas del terrorismo de ETA, políticos y víctimas de otros casos de terrorismo, como Clara Rojas que estuvo seis años secuestrada por las FARC.
Una mujer que se disfraza de soldado, un aya que viajara con ella para cuidarla, un fraile que antes fue soldado, el amor de una mujer por un hombre que no profesa su misma religión y como trasfondo la terrible y dura diáspora judía que se produjo en España. ¿Os imagináis todos estos ingredientes, bien mezclados y servidos en unas páginas maravillosas?