El Extremo de la Marginación
Sentado en la cama con los ojos cristalinos mirábase su cuerpo admirándose aquellas marcas; marcas que eran ofrendas de una vida marcada por la tristeza, en la que cada una, representaba a un camino elegido y alguna de ellas el regalo de la paliza recibida por aquellos que decían ser sus amigos.
Cuando la vi cerré los ojos bien fuerte, no lo creía, ahí estaba. Venía a por mí, una vez más. Como tantas otras veces estuvo a mi lado; con su sensual voz dijo: