Superviviente
Las bolsas estaban encima de la mesa de la cocina. Etienne abrió la nevera y se quedó pensativo mirando la balda de los yogures.
—Algo va mal —me dijo cuando me acerqué a él para darle un beso.
—¿Crees que deberíamos haber comprado más? Bueno, todavía nos quedan los naturales ahí, seguro que se les pasa la fecha de caducidad, siempre igual —le besé en la comisura de los labios.
