Tercer Secreto
Aún no puedo creer lo que me está ocurriendo. Me gustaría pensar, como hicieron los demás, que mi superioridad me ha llevado a esta situación; sin embargo, ahora me doy cuenta de que ha sido mi propia estupidez la que ha hecho que me encuentre aquí, solo, esperando no sé bien qué, sin más compañía que una niña que aún no ha cumplido los once años. Cuando me mira, tengo la impresión de que sus ojos me acusan. No la culpo. Yo estoy aquí por voluntad propia, mientras que ella ha sido encerrada aquí con el único propósito de servir a los ególatras intereses de una especie en extinción. Al principio, me pareció una gran idea burlar al destino, pero ahora sólo desearía que ambos desapa-reciéramos. Pero existe un problema; mejor dicho, dos. El primero, no tengo forma de autodestruirme y el segundo, no soy un asesino y jamás podría hacerle daño a esta pobre criatura indefensa cuyo único pecado ha sido llegar al mundo en el peor momento posi-ble.
