La Consagración de la Primavera
Bailo sin control, sin medida, sin ropa.
Escucho el tictac lejano que amenaza mi danza ritual.
Posicionada en el norte de este círculo perfecto mi vida se ha convertido en una medianoche, en un invierno frío y triste.

Marina no tenía madre, su padre una especie de bulto gris y silencioso había pronunciado estas mismas palabras años atrás cuando ella le había preguntado clavando sus ojos en los ojos vacíos de aquel.
