Marcos Quiere un Café
Se estaba despertando el sol. Lucía se levantó de la cama sin energía, como todos los días desde hacía dos meses. Los niños seguían dormidos y Lucía confiaba en que no se despertaran hasta su segundo café. La casa estaba totalmente en silencio y se oía el trinar de los pájaros del parque. Lucía abrió balcones y ventanas. Desde los balcones se divisaba el parque de El Valle, que se desperezaba con tímidos rayos de sol, que iban iluminando los rincones y el espacio abierto de la fuente todavía dormida, sin brillo de agua. Las cancelas cerradas con candados guardaban celosas el orden pacífico y sereno de plantas y palomas, de los senderos entre los setos y la quietud un poco triste de los columpios sin niños.
