Mujer Sacrificada

Por su cara demacrada,
resbalaban ya los años,
en su alma desgarrada,
corrían tristes desengaños.

Por su cara demacrada,
resbalaban ya los años,
en su alma desgarrada,
corrían tristes desengaños.
El hombre que nunca existió, siempre ha vivido en una eterna y oscura soledad, y allí sentado en el sofá, enciende su pipa mientras miles de reflexiones atormentan su cabeza, ya de por si maltrecha, por la brecha de un rayo que le golpeo antaño.