Los Conspiradores
Hace algunos años, ya no tantos ni tan pocos, habíamos tomado casi involuntariamente la costumbre de reunirnos, o más bien, de vernos a menudo. Éramos un grupo no muy grande de personas disímiles. Alguno era músico, otro cosechero, uno guardavidas, otro sólo era vago. Solía acudir un ciego y su linda esposa, un prestamista, un taxista, un sastre, un mecánico, un indeciso novio de una desconcertada, una secretaria, una enfermera, una médica, una diseñadora de interiores con un interior escabroso, una ingeniera no sé en qué, un pochoclero, un militante, una asistente social novia del sastre, un acompañante terapéutico, un psicólogo algo pesado, y creo que algún otro que ahora no recuerdo. ¡Vaya! ¡Que no éramos tan pocos!
