Mem
Del sufismo al arrianismo, pasando por el pietismo, el budismo y el marxismo. Su agostada y extraviada alma finalmente encalló en el nihilismo, ese lugar que prescinde de todo compromiso o creencia sin querer renunciar a nada. No obstante, sus estudios cabalísticos no habían dejado de formar parte de su vida: y es que (sin olvidar su inmersión juvenil en los ritos órficos y todo el abracadabrante consorcio de ideas numéricas de los pitagóricos) la divinidad-ahora añorada o negada-le parecía que de estar podía descansar en los números, las relaciones, las matemáticas. Tomando así el logos como una parte de Dios acostumbraba analizar denodadamente cada suceso extraño o escaso que se terciase en su vida. Todo era cifra, pues en la sombra de un árbol podía adivinar una ecuación; en el ladrido de un perro podría ocultarse un axioma del cálculo infinitesimal. Pero todo conducía a lo mismo, a una esencia indiscernible, un tao dormido y ajeno pero regente del inefable cosmos.
