Barbanegra en Acción
Cuando los piratas irrumpieron en el buque Amuko era de noche, y solo una débil luz llegaba del puesto de mando. Todos estábamos preparándonos, cada uno a su estilo, pero no para aquel abordaje. Es entonces comprensible que los piratas creyeran que yo era un hermano filibustero, sin saber que me había arreglado a conciencia para la celebración de Halloween. El disfraz de Barba Negra me había costado 15 euros en una tienda de Todo a 100 en la Calle Concha de Bilbao, y era impresionante en su validez histórica.
Cuando Jorge Luis Borges me mencionó en su residencia en el Címetiere de Rois, que William Faulkner era un representante del Boom latinoamericano, le pedí explicaciones, pero sólo dejó una tarjeta en mi bolsillo, que encontré luego en Bilbao. Era artesanal, y así decía en letras doradas:
La farsa de la supuesta tumba de Gabriel García Márquez me había dejado avergonzado. Decidí que tenía que dar una explicación a los lectores de narrador.es, a los que les había hecho creer que Gabo estaba enterrado en un cementerio de Mormartre. Para ello viajé a Ginebra a localizar al hombre que había organizado el homenaje necrológico a Gabo. Revisé lo poco que conocía sobre él: era cojo, llevaba un bastón, y parecía estar muy mal de la vista, porque tomaba el brazo de su acompañante al caminar. También recordaba que me había dicho residía cerca del Címetiere de Rois, por Plainpalais.
En la Agencia de Viajes Omega me informaron que ofrecían un paquete especial en el que sólo trece personas serían admitidas. Faltaban dos por inscribirse. Se trataba nada menos que el famoso tour literario al “Cimetiere de Mormartre” Paris. Y en esta ocasión se visitarían diez residencias, las de Alexandre Dumas fils, Teophile Gautier, Edmond de Goncourt, Heinrich Heine, Jacques Rigaut, Alexander Soumet, Stendhal, Alfred de Vigny, Emile Zola, y como gran novedad… ¡la de Gabriel García Marquez! 