Viernes en el Cayo Triste
Afuera diluviaba, el mes de Julio podía ser terrible por estas latitudes. Todavía no eran las ocho y el bar estaba ya abarrotado. Mi cuadrilla preferida había logrado hacerse con una mesa cerca de la barra. Rondaban todos los treinta y cinco, eran simpáticos, atractivos y educados aunque supongo que ello no les impedía hacer de vez en vez algún comentario obsceno sobre mis tetas o mi trasero. Les conocía desde la época del instituto, yo me había rendido al mundo laboral poco después, pero ellos consiguieron acabar la universidad y no les había ido nada mal.

Reconozco que mis lecturas tienen como finalidad original el mero entretenimiento, es una opción discutible pero también una decisión personal. Algunos libros lo consiguen y otros no. Pero hay algunos muy especiales que de alguna forma interactúan con lo que soy y con lo que pienso.
