Quería incrustarme en el pizarrón, traspasarlo como una madura “Alicia en el país de las maravillas” ¡Cobarde! En un segundo eterno hurgué desesperada en mi enciclopedia mental todas las filosofías pedagógicas para encontrar la más brillante y poder enfrentarlo. Sentía su mirada en mi nuca. ¿Qué esperaría de mí? Mi mano, ignorando mi desesperación, amiga piadosa, dibujaba el perfil de la placa euroasiática. Y me di la vuelta, lo miré como a los demás alumnos, mi voz parecía venir de un lugar hueco y lejano. Pensé en la importancia de la educación, cierto, pero que soledad y vacío se enredaban en esa verdad. Era una carrera contra el tiempo, sus pulmones ya estarían achicharrados de tanto aspirar pegamento ¡Bendito seas! A uno de ellos se le ocurrió interesarse por el tema, sus preguntas hicieron derivar a la configuración actual del planeta, otros se interesaron en la vida existente durante la deriva de los Continentes. Todo en el universo es movimiento, me pregunto por qué lo único estancado es nuestra actitud de indiferencia social respecto a nuestra propia especie.
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