Carnaval de Serpientes
Cuando aplastó con un golpe de palo la enorme cabeza del reptil, pensó que aquello era sólo un incidente aislado. Pero cuando extendió la mano para recoger el saco de patatas y volver a casa, vio horrorizado un grupo de otros reptiles acercarse y comprendió fugazmente que una larga pesadilla había empezado. No tuvo tiempo de retirar el brazo: dos ardientes y largos colmillos le perforaron las venas de la mano y otros dos colmillos se le hundieron en la pantorrilla izquierda, mientras que una tercera serpiente le atacó repetidas veces por la espalda. El dolor no tardó en aterrarle. Su estómago ardió como incandescente carbón y sintió el veneno corrosivo filtrarle en la corriente sanguínea y quemarle las venas del corazón. Su cara se contrajo de dolor y cayó al suelo, donde se quedó inmovilizado.
