Editorial Narradores

Santo y Seña: Antígona

26-febrero-2011Patricia Martí

Las obras escri­tas en la Anti­gua Gre­cia tie­nen un carác­ter intem­po­ral, es decir, tra­tan temas y con­flic­tos que en la actua­li­dad nos segui­mos topando con ellos, casi de una forma dia­ria. Este es el caso de la tra­ge­dia escrita por Sófo­cles, Antí­gona. El argu­mento de esta obra es de sobra cono­cido por todos, pero aún así, me gus­ta­ría des­ta­car el carác­ter cíclico de la tra­ge­dia, empieza y ter­mina con la muerte. Así pode­mos obser­var como comienza con la con­ver­sa­ción entre la pro­ta­go­nista y su her­mana res­pecto al cadá­ver del her­mano de ambas, Poli­ni­ces, y su ente­rra­miento; y el final que gira en torno a la muerte de gran parte de los per­so­na­jes por la mala polí­tica de Creonte, como son Antí­gona, Hemón y Eurídice.

Como hemos dicho ante­rior­mente, en la obra se tra­tan temas intem­po­ra­les, los cua­les comen­ta­mos a con­ti­nua­ción. Uno de ellos es el con­flicto hombre-mujer. Antí­gona con su acción actúa de una forma mas­cu­lina, ya que se ha deci­dido a opi­nar, a deci­dir, y a afron­tar las res­pon­sa­bi­li­da­des de sus accio­nes sin excu­sas, sin llanto, este hecho llama mucho la aten­ción por­que tene­mos que recor­dar el papel de la mujer en la Anti­gua Gre­cia, el cual era secun­da­rio, por­que se encon­traba rele­gada a mera com­parsa. Creonte teme que, en el caso de ceder ante la pos­tura de Antí­gona no se le tome en serio, per­der su auto­ri­dad como tirano, y lo peor, que se le con­si­dere menos que una mujer. Todo lo con­tra­rio que Ismene, la her­mana de la pro­ta­go­nista, que sí obra feme­ni­na­mente, se somete a la volun­tad de los hom­bres y de la ciudad.

Otro de los temas que se tra­tan en la obra es la opo­si­ción de las leyes divi­nas y huma­nas, el cho­que de las vie­jas nor­mas reli­gio­sas y fami­lia­res con la razón de estado repre­sen­tada por Creonte, gober­nante auto­crá­tico y poseído de sí mismo, ale­jado de la sen­sa­tez y del buen jui­cio que debía poseer y Antí­gona, repre­senta la razón del ideal y la ley divina. Pero ambos per­so­na­jes se cie­rran en su pro­pia pos­tura, sin escu­char ni aten­der al otro, lo que hace que no haya comu­ni­ca­ción en nin­guno de los dos sentidos.

La rela­ción entre tira­nía y demo­cra­cia, en la obra se des­ta­can dos for­mas dife­ren­tes de ejer­cer el poder, el de Creonte y el de su hijo Hemón. El pri­mero repre­senta el poder abso­luto y tota­li­ta­rio, sin per­mi­tir suge­ren­cias a sus órde­nes, por eso debe hace cum­plir su man­dato ante la acción de la pro­ta­go­nista, para man­te­ner el prin­ci­pio de auto­ri­dad no sólo ante el pue­blo, sino tam­bién den­tro de su pro­pia fami­lia. En cam­bio Hemón plan­tea una forma dis­tinta de ejer­cer el poder. Se pre­senta ante su padre repre­sen­tando la opi­nión del pue­blo ante la pena de muerte de su pro­me­tida, ya que estas peti­cio­nes no lle­gan al monarca, no hay cau­ces para ello por la forma de gobierno que se está ejer­ciendo. Esta­mos ante un caso claro de dic­ta­dura y demo­cra­cia, en la pri­mera se ejerce el poder abso­luto de gober­nar sin tener en cuenta al pue­blo; y por otro lado Hemón, que sim­bo­liza la demo­cra­cia, escu­cha al pue­blo, sus opi­nio­nes…, por eso le intenta hacer ver a su padre que no pierde auto­ri­dad, sino que la fortalece.

La vejez en la cul­tura griega tiene dos aspec­tos, uno posi­tivo como es el dere­cho a los hono­res socia­les y el res­peto de los jóve­nes; pero tam­bién aspec­tos nega­ti­vos, como la pér­dida de la fuerza física. El cho­que entre juven­tud y vejez se refleja en varias situa­cio­nes: Hemón y Antí­gona, como repre­sen­ta­cio­nes mas­cu­lina y feme­nina de la juven­tud; Creonte como repre­sen­ta­tivo de la madu­rez; y Tire­sias, junto al Coro de ancia­nos, como repre­sen­tan­tes de la vejez. A Hemón, a pesar de tener mucha razón, su padre no le toma en serio, ya que lo con­si­dera un joven enamo­rado que sólo intenta sal­var a su pro­me­tida. En cam­bio sí que escu­cha al anciano Tire­sias, por­que al ser más mayor cree que en él se esconde más sabi­du­ría. El papel que desem­peña el des­tino tam­bién está pre­sente, pero de una forma secundaria.

La pre­sen­cia del tema reli­gioso es, al igual que los temas mito­ló­gi­cos, muy fuerte en toda la obra. En la Anti­gua Gre­cia las obras, ya fue­ran tra­ge­dias, come­dias, etc., se repre­sen­ta­ban en las fies­tas en honor al dios Dio­ni­sio, diga­mos que desde un prin­ci­pio el tema reli­gioso era ya muy fuerte. Ese carác­ter ritual y reli­gioso encuen­tra su base en la pro­pia estruc­tura social, por­que la socie­dad griega era muy reli­giosa, ya que, los dio­ses deci­dían todo, y se encon­tra­ban pre­sen­tes en todos los actos de la vida cotidiana.

El men­saje que debía de man­dar Sófo­cles a tra­vés de esta obra es abo­gar por un sis­tema demo­crá­tico, ya que un sis­tema auto­crá­tico puede lle­var al error y a la des­gra­cia de muchos. Rom­per una lanza a favor de la mujer en la Anti­gua Gre­cia, la cual estaba muy infra­va­lo­rada. Hacer ver que en muchas oca­sio­nes, la juven­tud puede apor­tar un fres­cor y una nueva forma de ver las cosas que es mucho más ven­ta­josa y fac­ti­ble para la socie­dad. Con todo ello tene­mos que valo­rar de forma posi­tiva la obra de Sófo­cles, por­que resulta muy intere­sante desde el pri­mer momento, ya que invita a la refle­xión de la situa­ción de Antí­gona, pero tras repe­ti­das lec­tu­ras nos pone­mos en el lugar de Creonte, el cual no ve otra solu­ción. Y lle­ga­mos a la con­clu­sión que ambos son muy cerra­dos de mente, a dife­ren­cia de Hemón y de Tire­sias que abo­gan por la con­cor­dia, la pru­den­cia y un diá­logo más cohe­rente y más flexible.

La obra ha resul­tado más que intere­sante a lo largo de los siglos, por­que muchos auto­res han adap­tado estos temas a pro­ble­mas de su tiempo y los han plas­mado en sus obras, tanto lite­ra­rias, plás­ti­cas o cine­ma­to­grá­fi­cas, como en la actua­li­dad. Por ello ha sido una obra muy estu­diada y valo­rada, y no es para menos. La forma que tiene Sófo­cles de abor­dar estas cues­tio­nes es muy intere­sante, por­que lo hace de una forma que no resulta ofen­siva, pero deja clara su pos­tura, a tra­vés de un len­guaje sen­ci­llo y comprensible.

De esta forma me gus­ta­ría invi­tar a la lec­tura de un clá­sico lite­ra­rio, que plan­tea, como hemos podido ver, una serie de temas intem­po­ra­les, y que en diver­sas oca­sio­nes pode­mos ver­nos refle­ja­dos en la tragedia.



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