Artículo Completo

Guardián

Ilustración del relato 'Guardián'
La noche era fría y muy oscura. En el cielo no se apreciaba ni estrellas ni luna. Densas nubes negras lo arropaban. El viento húmedo y helado barría las pocas hojas en banquetas y calles, levantando pequeños remolinos. Las casas a diestra, siniestra de las aceras estaban oscuras. Hacía horas que sus luces se habían apagado y sus moradores eran prisioneros ya de Morfeo.

El taconeo de unos zapatos sobre el asfalto se escuchaba claramente debido al silencio que imperaba en el entorno. Caminaba sin prisa alguna, con las manos en los bolsillos de la gabardina, ajeno a aquel frío de Enero. Al ir avanzando, la niebla fue bajando lentamente tomando un color ambarino debido a las luces artificiales. Los desnudos árboles desaparecían bajo su velo y la caricia del viento que corría la hacía danzar como si se tratara de fantasmas húmedos. Se oyó entonces un ligero tumbo en el cielo; un tímido redoble de tambor haciendo eco en las cargadas nubes y la llovizna comenzó a salpicar su cuerpo.

No adelantó ni atrasó su paso. Como cada noche, desde hacía quince, dejaba su fría morada a la misma hora: 12 en punto y seguía la misma ruta sin modificar en nada el trayecto. En el transcurso jamás se encontraba con nadie a excepción de la niebla que no fallaba y lo acompañaba silente, estimulando su imaginación, haciéndolo recordar aquellas historias añejas escuchadas de labios de sus abuelos. Historias que erizaran su piel y llenaran de inquietud sus sueños. Bajó de la banqueta, atravesando la vacía y mojada calle para alcanzar la otra acera. Entró a aquella casa que le era ya conocida, como siempre, por la puerta trasera para no llamar la atención de nadie. Tampoco le era desconocido cruzar la oscura cocina, la sala llena de muebles modernos y subir con extrema precaución la escalera hasta llegar a la puerta entreabierta de la habitación de ella. Su sueño era siempre tan profundo que no se había enterado de sus visitas nocturnas. En realidad, no hacía falta que lo supiera. Le gustaba verla dormir, contemplar su rostro pacífico; admirar la luminosidad de su tez, de sus labios carnosos, bajo los rayos naturales de la luna que se asomaba de vez en cuando entre las nubes.

La lluvia afuera iba en aumento, pero no le preocupaba. Nada le importaba estando tan cerca de ella y se conformaba con permanecer sentado en aquel sillón perdido en la oscuridad, velando su sueño. Protegiéndola tal y como se lo había prometido. Cuando menos lo pensaba la miraba fijo y eso inquietaba su sueño. Ella se revolvía en el lecho, enmarcando su rostro un rictus de angustia. Entonces él sabía que era el momento de volver porque también se acercaba el nuevo día. E iba junto a su lecho para despedirse de su amada en silencio y enviar como brisa uno de sus besos, que ella recibiría con gusto entre sueños. Aquel suspiro le indicaba que soñaba con él y que al menos, en el mundo onírico estaban juntos de nuevo y eran felices.

Con la seguridad de volver la noche siguiente abandonó aquel hogar desandando su ruta; prometiéndose a sí mismo continuar hasta que ella encontrara a alguien digno de su corazón y de su amor. La lluvia había cedido. La niebla era más que espesa, pero ya había aprendido a disfrutarla, a no tenerle miedo. Cambió de acera, cruzó algunas calles hollando la húmeda hierba que crecía entorno a la alta barda. Se detuvo ante una puerta enrejada echando una mirada al cielo que comenzaba a limpiarse. La niebla fue levantándose paulatinamente; él atravesó los barrotes y fue desvaneciéndose lentamente al adentrase al cementerio.

 

Artículos Relacionados
Narrado por Guadalupe García el 30-12-2010 [Escribir comentario]
Categoría: Cuentos

Hacer Comentarios



Hacer Comentarios

Para escribir un comentario a este artículo, solo tienes que rellenar el siguiente formulario y pulsa el botón "Enviar»".Todos los comentarios son moderados por nuestro equipo de editores, por lo que es posible que tu comentario tarde algunas horas en hacerse público.

Es necesario cumplimentar los campos que aparecen con asterisco (*)

 

En cumplimiento de la LOPD 15/1999 y de la LSSI-CE 34/2002, te informamos de que los datos de carácter personal que voluntariamente nos facilitas, incluido tu correo electrónico, se incorporarán a un fichero automatizado, inscrito en el Registro General de Protección de Datos, cuya finalidad es la gestión de las consultas realizadas a través de la Web.Al remitirnos tus datos nos autorizas expresamente a la utilización de los mismos para realizar comunicaciones, incluyendo las que se realicen vía correo electrónico, y que Editorial Narradores, S.L. llevará a cabo para enviarte la información solicitada. Si lo deseas, puedes ejercer los derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición de tus datos, remitiéndonos un escrito a Editorial Narradores, S.L., CM/ Otxarkoaga n° 2 - 1 ° (Edifício Arzubi); 48004 - Bilbao (Bizkaia), adjuntando una copia del documento que acredite tu identidad.

 

Hacer Comentarios


Índice de Artículos Publicados | Participar en el Blog | Política de Comentarios | Propiedad Intelectual | Retirada de Contenidos
©2012 narrador.es

narrador.es en faceboor    narrador.es en twitter


Wikio | Top Blogs | Literatura



Valid XHTML 1.0 Transitional     Validador CSS     Valid Atom 1.0        Directorio de Empresas de Cultura