La Granja
Quizás esté equivocado, pero tengo la sensación de que todo es como antes. Que la marcha del señor Jones no ha cambiado nada y que seguimos siendo tratados igual de mal. Sí que es cierto que la granja Manor es con mucho, la más productiva de toda la comarca pero ¿y a qué precio?
Al principio, como todos, me alegre de que el señor Jones y todos los demás humanos huyeran, creí como los demás que empezaría una nueva etapa en nuestras vidas, que se nos trataría con más amabilidad y que no se cometerían las mismas tropelías. Pero nada ha cambiado y tengo miedo de decirlo, me aterra hablar. Todavía tengo fresco el recuerdo de lo que le pasó a Snowball… la fiereza de los perros me aterra y creo que yo no sobreviviría lejos de la granja.
Añoro al “cerdo Mayor”, echo de menos su moralidad y rigor y sobre todo, la justicia que emanaban sus palabras a través de los siete mandamientos que también acogidos fueron por todos. Aún hoy, aunque el tiempo y Napoleón los ha modificado hasta convertirlos en humo los recuerdo y procuro que los demás no vean que se me escapa una lágrima cuando los rememoro.
1. Todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo.
2. Todo lo que camina sobre cuatro patas, o tenga alas, es amigo.
3. Ningún animal usará ropa.
4. Ningún animal dormirá en una cama.
5. Ningún animal beberá alcohol.
6. Ningún animal matará a otro animal.
7. Todos los animales son iguales.
Ayer por la noche Napoleón y su camarilla invitaron a cenar a un grupo de humanos, yo les vi cuando los recibieron, está prohibido que salgamos después de anochecer pero me arriesgué. Todos se parecían mucho, Napoleón andaba erguido sobre sus cuartos traseros y se había enfundado unos viejos pantalones y una chaqueta de lana que pertenecieron al señor Jones. Se dieron la mano como hacen todos los humanos e incluso bebieron licor licor al terminar. Sí, les espié a través de los vidrios de las ventanas, reían y fumaban grandes puros y hacían planes para rentabilizar todavía más la granja.
Apenas he dormido. Intentaba sacar el valor suficiente para decirles a los demás lo que había visto, pero no me he atrevido. El burro Benjamín, me ha aconsejado que no lo hagas, es con el único que me atrevo a hablar, en cierta forma me recuerda al “cerdo Mayor”, es sabio y prudente. Me ha dicho que recuerde en que se han convertido todos los mandamientos, y lo he hecho: Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros.
Me he callado y mientras trabajo pienso que ese mandamiento es el que mejor lo resume todo, sobre todo porque no me quito de la cabeza a uno de los hombres que cenaron con Nápoles, era enjuto, delgado y un fino bigote adornaba el labio superior, tomaba notas continuamente, mientras asentía y reía. Napoleón trataba de imitar todos y cada uno de sus movimientos, mientras le sonreía, y le llamaba por su nombre de pila como si fueran dos viejos amigos, George.
