La Mujer en la Ventana

Vivo en este hotel donde llegué anoche. Me voy mañana. Se trata de una habitación exterior, la 307. La ventana, de tipo guillotina, ocupa casi toda la extensión de la pared de lado a lado. El alféizar queda tan bajo que Peter puede poner los huevos a descansar sobre él. Da a la calle Bieler. Se ven los charcos grises, los paraguas grises, los capós, el pavimento, todo gris; me encanta ese color. La habitación, por lo contrario, es blanca y negra, maniquea, aburrida.
Hace pocos días he terminado de leer un libro (otro más). Éste llevaba en las estanterías de mi casa varios años y ni siquiera recuerdo cuando lo compre o cómo llegó a mis manos. Se titulo “El Enigma del Cuatro” y está escrito por Ian Caldwell y Dustin Thomason.
Hay canciones que marcan una época de nuestra vida. A veces las relacionamos con aquel lejano y primer beso; otras nos recuerdan que también fuimos jóvenes y algunas nos trasladan a aquel viaje tan maravillo y azaroso. Pero hay algunas canciones cuyas letras engloban toda una época y en las pocas estrofas cantadas nos cuentan y recuerdan lo que fue, para que no lo olvidemos.
La Palabra de la Semana
Nunca he creído en los nacionalismos. No lo digo como un dogma de fe, sino como algo objetivo y real, que por otra parte tampoco me ha quitado el sueño. Con esto no quiero decir que sea apolítico, pues creo que nadie lo es; la política inunda cada una de las acciones que acometemos a diario. Sino que los nacionalismos exaltan una serie de valores y virtudes, que muchas veces nos quedan grandes al común de los mortales y sólo sirven para acometer titánicas empresas que únicamente benefician a los de siempre.
- Señor: hay un cadáver en el jardín.