Los Recuerdos de Oliver
11-octubre-2010Mario Alfageme
Es curioso como la dureza de la vida, es tal, si miramos hacia atrás con el peso de los años en nuestros hombros. Porque mientras la vida descarga con dureza su mal humor sobre los niños o los jóvenes, éstos generalmente tienen siempre tiempo para devolver una sonrisa. Quizá sea innecesario expresar este pensamiento, pero mientras ojeo el manuscrito que ha llegado a mi poder, no puedo por menos de pensar en aquella niñez mía, tan lejana y tan dura y recordar que siempre era capaz de sonreír. Como lo atestiguan las páginas que estoy leyendo.
No os reproduciré aquí nada de las mismas, pues el autor me las ha mandado para que yo le de la autorización para publicarlas. Al principio no entendí por qué, pero a medida que me he adentrado en sus páginas lo he comprendido e incluso creo recordarle a él, enjuto, bien vestido con su ondulado pelo peinado, siempre en un rincón observando y anotando en su cuaderno.
Y si cierro los ojos soy capaz de verlo cada una de las veces que me miraba, que me espiaba para poder completar su obra. Así soy capaz de recordarlo en un rincón en silencio mientras que yo, como otros cientos de niños éramos obligados a trabajar; unas veces en tonterías de cuero; otras recuperando redes de pescadores y otras simplemente limpiando.
También le recuerdo, creo, merodeando por aquella casa de ladrones y prostitutas que manejaba Fagin, donde me alojé un tiempo. Caminaba altanero por entre hombres y mujeres que le miraban porque no pertenecía a esa parte de la ciudad, siempre con su cuaderno y su pluma en la mano.
Incluso alguna vez fue a visitar al señor Brownlow, quien tan amablemente me acogió. Y aunque ni le di importancia entonces, ni lo relacioné nunca con mi vida, ahora, después de leer estas páginas, todo se vuelve claro y conciso y su silueta se destaca de entre las sombras y adquiera la importancia que siempre debió de tener en mi vida.
Me pide que si accedo, le envíe una carta en la que permito que relate mi vida en una novela que publicará por fascículos y que firme con mi verdadero nombre. Lo haré y firmaré con el nombre que el señor Bumble me dio, ya que no conozco otro y espero que al señor Dickens le sea suficiente.
Oliver Twist

11 octubre 2010 20:35
Siempre he pensado, al ver tu foto, que me recordabas a alguien…