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Las Llaves y la Puerta

Ilustración del relato 'Las llaves y la puerta'
*De: Letras al final del día.

-No tenemos más que hablar.

-¿Por qué te comportas así? ¿Por qué dices esas cosas?

-Al salir cierras la puerta por favor. Si no tengo tu amor de qué me servirá tu amistad misericordiosa.

-El día en que empezamos nuestra relación aclaraste que cuando terminara podríamos ser buenos amigos. Demos un giro a nuestras vidas.

-Me has explicado detalladamente lo que piensas, que no cambiarás la postura de que jamás vas a volver.

-Los dos nos equivocamos en la forma en que sobrellevamos nuestra relación. ¡Enfrenta la situación con madurez! A mí también me duele que esto termine.

-No te preocupes, algún día de estos podré olvidar nuestra historia, estaré bien en un futuro lejano. Llegará el momento en que ya no pensaré en lo que vivimos y en los sueños que nunca realizamos. Pero este no es el momento ideal. Ahorita seguiré buscando en este oscuro laberinto los errores que cometí por los que dejaste de amarme. Seguiré buscando la frase que me haga comprender el por qué de tu cruel rechazo.

-No puedes encerrarte, alejarte del mundo por cuestiones de amor. Vamos a caminar para aclararte las ideas que no te permiten iniciar una tranquila amistad conmigo.

-Ya está bien, sufriré bastante, tus palabras hacen mucho daño. Márchate de una vez, de nada me sirve estar cerca de ti sin poder tocarte y besarte, sin hacerte mía.

-Eso es cosa del pasado. Fuiste alguien que dio razones para ser feliz. Recordaré con cariño tus desenfrenos. En mi alma guardaré un lindo recuerdo de ti.

-Basta de tus palabras. Hace media hora dijiste que te irías de mi lado definitivamente. De nada me sirve tu discurso pues ya no me amas. Aquí me quedaré abandonado por una mujer que quiero mucho. Toma tus maletas y márchate. No se te olvide dejar las llaves en el escritorio.

-Vamos a cenar. Platiquemos con calma, podemos poner el punto y aparte.

-Punto y aparte con una cena. Después de nuestra reunión ¿qué vendrá? En las noches me iré a dormir temprano para no pensar en ti, quizá el agua con la que mi alma bendecirá a mi corazón serán mis lagrimas. Desearé volver a tener tus uñas en mi espalda. ¿Para eso servirá la cena?

-Te comportas como un chamaquito.

-Un chamaquito que es asediado por amor y quebranto. Márchate de una vez por todas, quizá cuando salgas tome una sobredosis de algo para que jamás vuelva a despertar. Así no tendré que esperar todos los días tú regreso.

-No tienes que ser tan radical en la búsqueda de soluciones para olvidarme. Nunca regresaré, compréndelo de una vez.

-¿Entonces mejor me pongo a escribir para ti? “Mis manos ya no jugarán con tu pelo, tu ausencia ahogará a mis sentimientos, ya no me perderé en tus pechos”. ¿Qué más quieres escuchar antes de largarte?

-Deja de decir tonterías.

-¿Tonterías? Por eso decidiste marcharte. Como soy un tonto, pensaste que cinco años de amor los metería al bote de la basura sin poner objeción alguna. Entonces a partir de este momento debo de preparar la batalla para olvidarte.

-Estás así porque no aceptas que me vaya. Por tu egocentrismo, tu orgullo y tu vanidad no permites que una mujer te dejé sin tu consentimiento.

-¡Qué bien! Has agregado nuevos adjetivos a mi personalidad. La última vez que discutimos en público dijiste que yo era autoritario. Soy todo lo que tú me digas, pero te amo. Aunque pensándolo bien, no tiene caso repetir una y mil veces que te amo pues tú ya no me necesitas. Te recuerdo: dejas las llaves en la mesa y al salir cierras la puerta.

-¿Cuál es la razón por la cual no podemos ser amigos?

-Porque te amo tontita. Pero ya no tiene caso pedir amor. Mejor deja las cosas así, sólo piensa en ti. Lo nuestro ha terminado. Sólo una pregunta: ¿A la vuelta de la esquina tienes a tu nuevo pretendiente? No tendré fuerzas para verte junto a otro hombre ¿Qué recomiendas para olvidarte?

-La primera pregunta no tengo motivo alguno para contestarla, la segunda tú sabes lo que tienes que hacer para dejar de quererme. Pienso que ya no me quieres. Los últimos meses te portaste más frío conmigo, muy apático. Te encerrabas a trabajar y sólo me hablabas para que te preparara algo de comer o para llevarte un vaso de agua. El montón de salidas al cine, a cenar o a caminar al parque en nuestros inicios se fueron reduciendo hasta que por un mes no salimos del departamento. Te quise mucho, pero el amor no es sólo decir te amo. Se necesitan escenarios ideales para darle mayor emotividad a los encuentros. Por muy simple que parezca la situación es lo que da vida a una relación. La nuestra poco a poco se fue opacando. Nunca te diste cuenta de que me perdías hasta que te dije hace una semana que me iría de tu lado.

-Ya lo entendí. Sal de una vez por todas. Deja las llaves y cierra la puerta. De alguna manera soportaré el desencanto de la soledad. Quizá mañana para los dos llegue una vida nueva. Por mi parte, te olvidaré para no desperdiciar ningún segundo extrañándote. No será fácil. Aunque aquí estaré creyendo que volverás. No lo harás. No dejes besos, ni miradas, ni palabras. Vendrán a mí besos, miradas y palabras de otra mujer. Por el momento, debo de borrar por completo todos los bellos recuerdos, trataré de pensar menos en ti y diré a mis sueños que nunca retraten tu presencia. Gracias por tanto amor, gracias por tanto dolor. Adiós.

-Adiós

El sonido de las llaves al sacarlas del bolsillo y ponerlas en la mesa. La puerta rechina y se cierra.

 

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Narrado por Geovani De la Rosa Peña el 30-09-2010 [Escribir comentario]
Categoría: Cuentos

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