Desacuerdos con la RAE
9-agosto-2010Mario Alfageme
El idioma se mueve. Esto es importante, necesario y sobre todo emocionante ya que cambia al ritmo que le impone la sociedad y todos, en mayor o menor medida somos partícipes de ese cambio y por ello debemos sentirnos protagonistas y jugar con él con cuidado y consideración.
La Real Academia de la Lengua, como árbitro supremo de las necesidades idiomáticas, es la que decide que vocablos nuevos se incorpora, cómo lo hacen y el significado que debe de dárseles. Pero que la Academia ostente ese poder no significa que siempre acierte en las decisiones tomadas.
Voy a tratar de explicarme. En la nueva edición del diccionario de español, la RAE ha decidido incluir una serie de palabras que debido al uso masivo o por la trascendencia social o política que han adquirido, es importante que se establezca una definición de ellas. Así nos encontramos términos como rojillo, que hace referencia a “esa persona de tendencias políticas más bien de izquierdas”; muslamen, “muslos de una persona, especialmente los de una mujer”; curalotodo, “medicina o remedio para cualquier enfermedad” o cultureta, “persona pretendidamente culta”.
Hasta aquí nada que objetar. El problema viene cuando nos encontramos términos como franquismo, que aunque no es una acepción nueva, la RAE no ha querido escuchar a los que clamaban por la modificación de su definición que dice así: “Movimiento político y social de tendencia totalitaria”. Obviando en esta frase la represión, los asesinatos y las torturas realizadas siguiendo las directrices de este movimiento político y social.
Y por último y quizá lo que más me ha sorprendido es la inclusión de la palabra abertzale (en la edición anterior aparecía como aberzale), que lleva pegada a ella la siguiente definición: “Dicho de un movimiento político y social vasco y de sus seguidores. Nacionalista radical”.
Quizá a cualquiera que no conozca la realidad social y política del País Vasco le parezca correcta y hasta acertada, pero yo no opino lo mismo. Etimológicamente abertzale proviene de la conjunción de las palabras aberri (patria) y tzale (seguidor). O lo que es lo mismo abertzale tendría que ser traducido como patriota o nacionalista a secas. Y eso es lo que es, ya que la mayoría de los que sienten el País Vasco como su patria y se sienten nacionalistas, jamás han utilizado la violencia y las vías pacíficas son las únicas por las que han caminado.
Ser nacionalista no significa ser asesino ni violento (los hay españoles, canarios, catalanes, franceses y estadounidenses), y lo triste de esta definición es que puede confundir y malinterpretar a las personas bienpensantes que lo lean. Un desacierto.

9 agosto 2010 11:41
Totalmente de acuerdo con los matices que expones en tu editorial…hay que evitar las acepciones tendenciosas y especificar en los términos que sí merecen tal ampliación como el de franquismo…