Retorno a Bath
- Voy en tren. Veo una mansión, victoriana y amarilla, sobre una pequeña loma y decido apearme en la próxima estación, que anuncian ahora mismo, pero no entiendo… Bajo y le pregunto al jefe de estación cómo se va a la casa amarilla.
- ¿No llevas equipaje?
- No.
-¿Qué te dice el jefe de estación?
- Me indica un sendero y dice que me llevará sin pérdida a la casa de los Austen, pero que a lo mejor no encuentro a nadie porque no es temporada de caza.
- ¿Cómo es el sendero?
- No muy ancho, de tierra arcillosa, pero está seco, cómodo, bajo árboles. Son frondosos y muy verdes y sus hojas se alzan sobre mí formando un techo por el que se filtra el sol. Da sombra pero no es muy umbrío. Tonos verdes alegres.
- ¿Un sendero recto?
- Hay alguna curva, ancha. Tiene algo de pendiente, una cuesta suave.
- Caminas por el sendero con comodidad, la temperatura es agradable… ¿Cómo te sientes?
- Bien. Algo expectante por lo de la cacería, porque no me gusta, pero sigo caminando. Mis dudad aumentan al mismo tiempo que se acorta la distancia. Ya veo la casa. Me resulta familiar. Ahora estoy ante la verja y veo entre los barrotes un cuidado jardín con setos y rododendros recortados con esmero y el sendero sigue dentro, tras la verja.
- ¿Vas a entrar?
- No lo sé. Me da algo de miedo.
-¿La casa te da miedo?
- No.
- Respira hondo. Es de día, hace sol, la temperatura es agradable, no parece que haya ningún peligro. Te sientes tranquila. ¿Decides entrar?
- Sí. Empujo la valla, más alta que yo, y se abre sin dificultad y sigo el sendero y llego a una escalinata, con cinco escalones. La puerta está abierta y en el vestíbulo hay una alfombra que llega a una escalera de mármol y un gran espejo.
- Mírate en él. ¿A quién ves?
- Supongo que soy yo. Llevo ropa del siglo XIX, falda negra larga y camisa blanca, y algunos rizos oscuros se escapan de una sencilla y blanca cofia. No llevo joyas.
- ¿Sabes quién eres?
- No.
- Recorres la casa y decides quedarte en una habitación. ¿En cuál?
- En la biblioteca.
- ¿Qué haces?
- Cojo un libro, pero lo dejo. Me siento en el escritorio para terminar una carta.
- ¿A quién?
- A mi hermana Casandra y releo lo escrito: “Hoy es el día en que disfruto el placer de triunfar sobre un ánimo dispuesto a rechazarme ya armado de prejuicios contra mis acciones anteriores”.(1)
- ¿Qué le cuentas?
- Que ya no pienso en Tom… En que un editor va a publicar mi novela “Orgullo y Prejuicio”. Los editores son reticentes a publicar mis obras porque soy mujer y porque defiendo el acceso de las mujeres a la cultura. En esta obra critico los convencionalismos que se imponen al sentimiento y critico a las personas que, por comodidad o cobardía, no deciden por sí mismas, sino que se ciñen a las costumbres, a lo establecido, a lo que hay que hacer. También le doy espésame por la muerte de su cuñada… “Supongo que has visto su cadáver… ¿qué aspecto tiene?”(2)
- ¿En qué fecha datas la carta?
- 18 de julio de 1805. Es mi cumpleaños. Treinta. Estoy cansada.
- Estamos terminando, pero debes firmar la carta. Pon tu nombre.
- Jane. Jane Austen.
- Bien. Ahora voy a contar hasta cinco y saldrás de la casa. Cuando salgas despertarás aquí. Estarás bien, tranquila. Uno, levántate. Dos, ve al vestíbulo. Tres, respira hondo, vas a despertar. Cuatro, sales al jardín, hay mucho sosiego. Cinco, despierta.
El diálogo ha transcurrido en inglés y está grabado. La paciente amnésica parece exhausta y dejo que se despierte pausadamente. Me pregunta si he averiguado ya quién es y cómo aún no tengo todas las respuestas, fiel a la costumbre de los terapeutas, respondo con otra pregunta:
- ¿Te gusta Jane Austen?
- La escritora… Sí, creo que recuerdo haber leído algunos de sus libros. Supongo que me gusta. Es curioso que no recuerde el nombre de mis padres ni de mis hijos ni el mío pero si el de algunos escritores.
- La has nombrado. ¿Has estado alguna vez en Inglaterra?
- No. Bueno, no lo sé. Creo que no.
- ¿Hablas inglés?
- No, no creo.
Le pregunto en inglés que opina de “Sentido y Sensibilidad” y me mira sin entender. Se encoge de hombros.
- Estamos haciendo progresos y seguiremos el próximo lunes-. Le digo, aunque no sé muy bien cómo será la próxima sesión. Este caso supera mis conocimientos y en mi larga experiencia jamás me había topado con una amnésica que se creyera una escritora de otra época tras un traumático accidente en tren.
La presunta Jane recoge sus cosas, me da la mano, algo fría, sonríe y me dice:
- Creo que jamás he estado en Inglaterra pero siempre pienso que debe ser agradable vivir en una de esas casonas de la campiña inglesa. ¿Debo hacer algo esta semana?
- Escriba. Le sentara bien.
- No sé: debo escribir menos y leer más.(3)
(1) Fragmento de “Orgullo y prejuicio”
(2) Cita textual de una de sus cartas
(3) Cita textual de una de sus cartas
- Feliz Cumpleaños, Bilbo
- Felipe Benítez Reyes, Nuevo Premio Nadal
- Los Maestros de Maestros en Literatura
