Western y Senderismo Nudista: los Bestsellers del Nazismo
Anécdota histórico-literaria para el día de hoy. Y es que nos vamos a remontar a los terribles años en los que el régimen nazi dominaba su país y una buena parte de Europa. Así, si hubiésemos de establecer una relación literaria entre este movimiento dictatorial y la literatura seguro que los asociaríamos a obras de corte mitológico, en el que se ensalzarían héroes arios y en el que, obviamente, revisaría la historia para menospreciar todo lo que tuviese tintes judíos. Además de ello, seguro que todos tenemos la imagen en nuestra cabeza de enormes piras incendiarias cuyo combustible eran libros elegidos por el regimen liderado por Adolf Hitler.
Se acaba el mes de vacaciones por excelencia, agosto se va y con él muchos horas de asueto, chiringuitos, paseos y descansos. Espero que los que habéis disfrutado de las vacaciones, volváis con las pilas recargas para afrontar un nuevo curso laboral.
Pues con las fiestas de Bilbao como elemento contextualizador y determinante durante estos días, me levanto hoy, con un estado de cansancio y resaca acumulada, a la cita con los lectores de Narradores. Ayer no fui previsor y no preparé ningún texto para ahora, para esta mañana, para esta jornada, por lo que tengo que buscar ideas que me lleven a una entrada digna de los receptores de este espacio.
Dedicado a Puri Massa (apellido homónimo de “demasiado” en catalán y como la ciudad italiana)
Supongo que mucho de vosotros habréis visto la película “Solomon Kane”, estrenada en 1999, dirigida por Michael Basset e interpretada por Jemes Purefoy. La cinta narra las aventuras de Solomon Kane, un guerrero puritano del siglo XVII que tiene un oscuro pasado y se marca en la vida la meta de acabar con el mal en todas sus posibles formas.
Si me visitan las musas, que me pillen trabajando. O algo así. Sí, no hay nada mejor para alcanzar la inspiración que la fórmula trabajo, trabajo y trabajo. Pero nunca está de más contar con herramientas o apoyos que ayuden a fomentarla, que vengan a dar ese empujoncito que la gente que se dedica al noble arte de la escritura nunca echará de menos.
La carta olía a viejo, a antiguo y el papel del sobre, pese a lo amarillento que el paso de los años lo había vuelto, mantenía intacta su estructura firme y aterciopelada. El matasellos apenas impedía ver bien la estampa dibujada en el timbre, aunque la dirección de procedencia estaba perfectamente indicada. Pero no era todo eso lo que hacía que mantuviera la carta en mi mano y la mirara con curiosidad y asombro, no, la verdad es que hacía mucho tiempo que no recibía una carta y me intrigaba quién podía escribirme a mí, que me había alejado de todos mis conocidos en un último esfuerzo por sacar mi novela adelante.
Hace unas semanas tuve el placer de compartir café y tertulia (elementos casi implícitos) con un autor que, poco a poco, se está abriendo paso en el complicado mercado editorial; evidentemente, buena parte de nuestra conversación giró en torno a la temática literaria y una de las conclusiones que extraje, derivada de la misma, es que, a día de hoy, apenas dos o tres escritores en España pueden vivir exclusivamente de su actividad.
Frase-cita de la semana: “Para mí escribir es un viaje, una odisea, un descubrimiento, porque nunca estoy seguro de lo que voy a encontrar”. Gabriel Fielding(1). 