En los Baños-Prisión de Argel
Cuando llegó la orden, pensé que era una broma. Hasta ese momento nuestro Gobierno nunca había resuelto una crisis de esa envergadura por la fuerza de las armas, aunque fuera de manera encubierta. Yo me encontraba en aquellos momentos disfrutando del sol, la comida y las mujeres, por lo menos de su visión, en la griega isla de Creta. La fragata que nos había trasladado estaba fondeada a unas millas al sur, en aguas internacionales y aunque la movilización de mi unidad se había hecho con urgencia, todos sabíamos que probablemente no entráramos en acción. Nunca lo habíamos hecho y aunque las excusas generalmente estaban relacionadas con evitar daños personales innecesarios, pensábamos que el ejecutivo central temía enemistarse con los países árabes de la zona que históricamente habían sido considerados amigos.
En la década de los sesenta en este despistado país, pese a que ya se vislumbraba a lo lejos el final de la dictadura y las oportunidades económicas del españolito medio habían aumentado considerablemente, las posibilidades para un escritor en ciernes y las opciones para convertir la aventura de la escritura en un oficio con el que poder comer y pagar las facturas, eran como en la actualidad, una quimera.
Puede que ha muchos de vosotros os pase como a mí, que hasta el día de hoy no había oído hablar de Mario Muchnik. Pues bien, a través de mi compañera Llum Saumell he podido conocer que este hombre argentino y fundador en la década de los 70 la editorial Muchnik Editores, también es capaz de dar buenos consejos a los jóvenes (o no tan jóvenes) escritores, que se aventuran por primera vez en la jungla editorial. A continuación os voy a hacer un escueto resumen de algunas de sus ideas, porque creo que además de buenas, nos dejan un poso de optimismo.
Hoy medio mundo se habrá levantado (supongo) con la resaca cinematográfica de los Oscar. Y aunque mi intención es hacer un pequeño homenaje a la industria del cine más importante del mundo, hoy no voy a hablar de los premios que se han entregado este pasado fin de semana por dos razones fundamentales. La primera es que este pequeño artículo lo he escrito antes de que los premios fueran entregados y la segunda, que seguro que hay miles de páginas, virtuales o no, que informan sobre todo lo que ha ocurrido en Hollywood.
La frase-cita (musical) de la semana: “Dios de la lluvia abrázame y bajo tus nubes volveré a considerar las múltiples formas de besar”. (Quimi Portet-Manuel García: El último de la fila).
Cae un nuevo siglo. Desaparece una corriente artística y nace una nueva. El siglo XVII se convierte a los ojos de todo el mundo en el Siglo de oro español, donde las artes, todas ellas, se convierten en exponente máximo de la capacidad hispana cultural, militar y social, lo que tendrá repercusiones más allá de las fronteras naturales.
El barco discurre plácidamente bajo un sol abrasador, Ra está vengativo piensas. No sucumbes al sopor que propicia la abundante comida recién ingerida y decides, encomendándote a Osiris ya que te hallas sobre el Nilo, combatir el tedio con una de las muchas revistas de pasatiempos que se amontonan formando una caótica pirámide en una especie de arca de ébano decorada con escarabajos y signos que, en otra época, seguramente fueron proféticos.