Semana y Otras Curiosidades del Calendario
La Palabra de la Semana
Frase-citas (de miedo) de la semana: “A los verdugos se les reconoce siempre. Tienen cara de miedo” (Jean Paul Sastre). “Para quien tiene miedo, todo son ruidos” (Sófocles). “La violencia es miedo de las ideas de los demás y poca fe en las propias” (Antonio Fraguas, Forges).
La palabra (y los días) de la semana. El hábito de agrupar los días en períodos de siete unidades, que hoy llamamos semana, es original de los babilonios y fue adoptado por los griegos y los romanos, que dieron nombre a estos períodos sobre la base del número siete. Los griegos los llamaron hebdomás, de hepta ’siete’, palabra que perdura hasta nosotros en hebdomadario (1) (semanal). En Roma se adoptó el nombre septimana, que llegó al español como “semana” ya en el “Cantar de Mio Cid” (sobre el año 1200).
Entre los romanos, el gran prestigio de la astrología llevó a introducir la semana de siete días, basada en la idea babilónica de las siete mañanas, y los nombres de los días fueron tomados de astros y dioses equiparados a los babilonios. De esta forma, el lunes se llamó así en homenaje a la Luna; el martes recordaba al dios de la guerra, Marte para los romanos; el miércoles, al dios del comercio (los viajes y los mensajes), Mercurio; el jueves a la principal deidad romana Iupiter Optimus Maximus Soler (‘Júpiter el mejor, mayor y más sabio’), el encargado de las leyes y del orden social, y el viernes, a Venus la diosa del Amor. Para los romanos, el sábado era el día de Saturno, pero con el advenimiento del cristianismo el nombre “dies saturno” fue cambiado por Sabbatum, derivado del hebreo sabbath, proveniente de sabath que significa “descansar”, pues designa al día semanal del reposo para los de esta religión. En latín, el domingo se llamaba Solis dies ‘día del Sol’, pero los cristianos cambiaron ese nombre a Dominica, que significaba “día del Señor”, derivado de “dominus”.
El fragmento de la semana: “Todo vuelve a empezar y nada hay nuevo bajo el sol; el hombre no cambia aún cuando cambien sus hábitos y las palabras de su lengua. Los hombres revolotean alrededor de la mentira como las moscas alrededor de un panal de miel, y las palabras del narrador embalsaman, como el incienso, pese a que esté en cuclillas sobre el estiércol en la esquina de la calle; pero los hombres rehúyen la verdad. Yo, Sinuhé, hijo de Senmut, en mis días de vejez y de decepción estoy hastiado de la mentira. Por esto escribo para mí sólo lo que he visto con mis propios ojos o comprobado como verdad. En esto me diferencio de cuantos han vivido antes que yo o vivirán después de mí. Porque el hombre que escribe y, más aún, el que hace grabar su nombre y sus actos sobre la piedra, vive con la esperanza de que sus palabras serán leídas y que la posteridad glorificará sus actos y su cordura”. (Mika Waltari: “Sinuhé el Egipcio”).
(1) Hallamos en la RAE este término definido como “semanal, semanario” y también “en los cabildos eclesiásticos y comunidades regulares, semanero, persona que se destina cada semana para oficiar en el coro o en el altar”.
