Dudas Sobre Ingrid
Supongo que todos conocéis de sobra a la política colombiana Ingrid Betancourt, pero para los que viven inteligentemente aislados de la dureza de las noticias, que a diario nos deprimen en prensa, radio o televisión, resumiré en cuatro frases la importancia de su vida.
Nacida en Bogotá fue una política activa y tenaz contra la corrupción política y obstinada defensora de la solución pacífica del conflicto armado de su país. En 2001 tomó la decisión de presentarse como candidata a la presidencia de su país en las elecciones de 2002. A principios de este año y con la decisión tomada, realizó un viaje con la intención de negociar con las FARC. Durante esta tentativa de diálogo fue secuestrada por la guerrilla y la mantuvieron cautiva durante deis años y medio.
Todos nos alegramos (supongo), cuando se produjo la liberación de la que durante sus años de cautiverio fue exponente de resistencia y tesón, gracias a una hábil maniobra del ejército del presidente Álvaro Uribe. A partir de ese momento los premios a su persona se suceden: el Príncipe de Asturias de la Concordia, no binación al Nobel de la Paz, la Legión de Honor Francesa… pero también las críticas hacia su actitud durante el cautiverio, sobre todo por la que fue su amiga Clara Rojas. Los epítetos como egoísta, soberbia, fría, calculadora, comenzaron a circulara por la prensa e Internet.
El último en sumarse a esta guerra de descalificación ha sido su ex marido, Juan Carlos Lecompte que con el libro “Ingrid y Yo, Una Libertad Agridulce” ha intentado explicar todo el dolor, frustración y tristeza que le produce la otra mujer en la que se ha convertido Ingrid Betancourt después de ser liberada.
En el libro la acusa entre otras cosas de fría y manipuladora, egoísta y sin sentimientos. Cuenta como sólo quería dinero, que le pidió el divorcio el mismo día que falleció su padre y que cuando descendió del avión y después de abrazar a su madre, a él le dio una palmadita en la cara, como si saludara a un perro fiel.
Para que os hagáis una idea, estas son algunas de las perlas del libro.
“Pero hacía falta más para emocionarla. Ingrid se negó a esperar. Era como un capricho. Nada más tenía importancia, ni la muerte de mi padre. Ella envió a un abogado el día siguiente, el 11 de enero, al hospital. Ese día, oficialmente, dejé de amarla. No reconocía más a mi mujer”.
“Para vivir en París, y llevar a Melanie y Lorenzo de vacaciones, Ingrid me reclamó 50.000 dólares. Tal vez, Ingrid ignoraba, en esa época, que yo había dejado de trabajar cinco años para buscar su liberación y que había vendido mi apartamento. Ingrid no fue sensible a este gesto. Ella cobró el cheque juzgando que la suma aún era insuficiente. Me pidió que me endeudara”.
Quizá a alguno todo esto le pueda parecer insustancial y superficial, pero me ha parecido apropiado para demostrar, que verdad o mentira, las palabras tienen tanta fuerza y si se repiten con la suficiente cadencia son capaces de desmontar robustos y míticos ídolos. Aunque cuando el río suena…
