Mi Negativa Impresión sobre ‘En el Camino’
Bueno, tal y como dije en mi entrada del martes, tengo pendiente una cuenta con ‘En el Camino‘ en forma de crítica y he pensado que hoy es una buena oportunidad para solventarla. Así pues, vamos a comenzar la misma con la principal conclusión que personalmente he extraído tras leer la obra de Jack Kerouack: es un título muy sobrevalorado.
Sí, sé que para muchos esta afirmación puede sonar a sacrilegio, pero qué quieren que les diga, a mí me ha decepcionado mucho. Partía con mucha ilusión hacia ella, con todas las referencias a la generación beat, al jazz y demás temas, pero por cada página que avanzaba esa ilusión iba disminuyendo.
No le he acabado de pillar la gracia a ese estilo de frases cortas, como escritas por un niño, que además se sucedían, en muchas ocasiones, a partir de saltos temáticos que hacían que por momentos perdieses el hilo de lo que tenías entre manos.
A lo mejor ésto puede ser una de las principales características por las que se considera a esta obra la máxima representación del beat (entendido, en este caso, como ritmo) y puede que, quienes sigan con demasiada atención mis escritos en esta revista puedan tacharme de incoherente tras mi crítica a ‘La Carretera’, el libro - ahora llevado al cine - de Cormac McCarthy en el que esa profusión de frases cortas también es santo y seña; pero es que aquí esta estructura generaba tensión, miedo, nerviosismo, mientras que en el título de Keroauck sólo me generaba desconcierto.
A pesar de ello, he de reconocer que una de las cosas que más me han gustado de ‘En el Camino‘ han sido sus extravagantes personajes (Old Bull, Marylou, Carlo Marx, Rocco…), con unos caracteres divertidos y alocados. Y por supuesto, uno de sus protagonistas principales, Dean Moriarty (alter-ego de Neal Cassady): sus idas y venidas, su carácter hiperactivo, sus elucubraciones, su amor hacia artistas de jazz pirados… También merecen una especial y positiva mención las descripciones de las poblaciones recorridas, de los paisajes vislumbrados, etcétera.
Además, entiendo que esta obra tiene su importancia en el contexto en el que nació; entiendo que en los puritanos Estados Unidos de finales de los años 50 del pasado siglo, recibir un libro así, plagado de irreverencias, de referencias o apologías a las drogas, etcétera, debió suponer todo un choque a su moral, pero a nivel estrictamente estilístico (a excepción de algunos tramos y, como decía, algunos personajes) no me ha acabado de convencer y he de reconocer que hasta me ha costado acabarlo.
Si lo he hecho ha sido, en parte, por un interés de investigación ya que, si todo va bien, este verano pretendo imitar, en la medida de lo posible a Dean Moriarty y Sal Paradise (el otro gran protagonista del libro que representa al propio Jack Keroauck), viajando de costa a costa de los EE.UU. Y aún así, creo que acudiré a otras obras basadas en este tipo de ruta.
Con todo, acabo esta crítica como la empecé: me parece un libro muy sobrevalorado, por momentos aburrido, caótico, en el que también se pasan algunos buenos momentos y en el que las descripciones de los paisajes norteamericanos y los marcados perfiles de los personajes es lo más salvable. Si tuviera que ponerle una nota le pondría un 5 o un 6, no entendiendo, por tanto, la gran consideración que tiene. Pero bueno, yo sólo soy un mísero bloguero que expresa su opinión, así que no la tengan en cuenta.
