Intrusismo Profesional en la Literatura
Quiero que quede claro que no tengo nada en contra de la señora Ana Botella, que no pretendo hacer apología política encubierta y que sólo me mueven razones literarias, eso sí bastante escépticas, sobre todo, en lo que se refieren a esta nueva moda en la que todo el mundo tiene que ser escritor.
Resulta que la concejala de Medio Ambiente y Teniente Alcalde del Ayuntamiento de Madrid, ha escrito un libro. “Érase Una Vez… Los Mejores Cuentos Infantiles Comentados” en los que después de realizar una selección de cuentos clásicos infantiles, Ana Botella los ha comentado y en los que además se ofrecen una serie de datos que pueden resultar útiles a los padres como la edad recomendada para su lectura, el tiempo que se tarda en leer o los personajes que aparecen.
A primera vista y obviando que el tema ha sido estudiado, tratado y analizado por grandes pensadores, doctos en la materia como Vladímir Propp y su “Morfología del Cuento”, no parece mala idea que de vez en cuando y cada cierto tiempo se tienda a la recuperación, e incluso actualización, de los clásicos que todos conocemos. En lo que ya tengo más dudas es en que si la persona elegida es la idónea.
Puede que sí, pero también que no y hasta ahora no ha hecho nada relacionado con la literatura, por lo que a mi entender no es la persona más indicada para analizar a Caperucita, Blancanieves o la Bella Durmiente.
Más me parece a mí, que Martínez Roca, editorial que supuestamente he pedido a la otrora Primera Dama que realice el libro, ha conseguido con esta incorporación a sus filas y gran pelotazo mediático y publicitario con el que va a llegar a todos lo hogares de nuestro país.
Me entristecen todas estas cosas, también me cabrean porque al parecer el oficio de escritor es una bagatela, una nadería frívola al que se puede acercar cuanto famoso desee y proclamar a los cuatro vientos que es un poeta, un literato o un autor.
Jodido lo tendrían si en vez de tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro, el ser humano se realizara plantando un árbol, teniendo un hijo y diseñando arquitectónicamente un puente de más de cien metros. Aunque estoy seguro de que algún pobre becario firmaría el trabajo en su nombre.
