Mediterráneo
Estos últimos días, con todos los temporales de agua, frío y viento que están barriendo la península (que disfruten los del cono sur), se escuchan muchas voces de ciudadanos anónimos clamando las ventajas de la lluvia y suspirando porque la echaban de menos. “Ya era hora” dicen, “porque es lo que toca”. Pues bien, puede que sea lo que toca en esta época del año, pero yo ya empiezo a añorar los días de sol y calor que se extendían hasta casi las 22 horas (y eso que todavía no han cambiado la hora).
Por ello, y porque no puedo hibernar, he decidido recordar una maravillosa canción, pura poesía y envuelta en una lírica casi hiriente que nos trasportará a esos días maravillosos del estío donde todo es posible y la oscuridad no es más que un pequeño descanso.
Estoy hablando de “Mediterráneo” de Joan Manuel Serrat. Un canto a la claridad y la pureza y una evocación constante a ese maravilloso pasado que siempre lo recordamos soleado y sin nubes.
Espero que la disfrutéis, porque a mí, que no soy especialmente admirador de Serrat, me pone los pelos de punta.
Mediterráneo
Quizá porque mi niñez
sigue jugando en tu playa,
y escondido tras las cañas
duerme mi primer amor,
llevo tu luz y tu olor
por donde quiera que vaya,
y amontonado en tu arena
guardo amor, juegos y penas.
Yo,
que en la piel tengo el sabor
amargo del llanto eterno,
que han vertido en ti cien pueblos
de Algeciras a Estambul,
para que pintes de azul
sus largas noches de invierno.
A fuerza de desventuras,
tu alma es profunda y oscura.
A tus atardeceres rojos
se acostumbraron mis ojos
como el recodo al camino…
Soy cantor, soy embustero,
me gusta el juego y el vino,
Tengo alma de marinero…
¿Qué le voy a hacer, si yo
nací en el Mediterráneo?
Y te acercas, y te vas
después de besar mi aldea.
Jugando con la marea
te vas, pensando en volver.
Eres como una mujer
perfumadita de brea
que se añora y que se quiere
que se conoce y se teme.
Ay…
si un día para mi mal
viene a buscarme la parca.
Empujad al mar mi barca
con un levante otoñal
y dejad que el temporal
desguace sus alas blancas.
Y a mí enterradme sin duelo
entre la playa y el cielo…
En la ladera de un monte,
más alto que el horizonte.
Quiero tener buena vista.
Mi cuerpo será camino,
le daré verde a los pinos
y amarillo a la genista…
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