Libros Negros
Antropológicamente hablando, el miedo a los fantasmas, los zombis, los muertes vivientes, los vampiros y a todo lo sobrenatural no nos hace mella, no cala dentro de nuestras conciencias hasta los siglos XVIII y XIX; pero es verdad que en la actualidad, en todo el occidente hay una conciencia histórica, aprehendida a lo largo de los años y desde nuestra más tierna edad, en la que está muy presente la posibilidad de que los espíritus de los muertos vaguen a nuestro alrededor y puedan crearnos problemas, incluso poner en peligro nuestra vida.
No es mi intención indagar en el por qué, ni en el cuándo comienza el ser humano a temer a los habitantes de las tinieblas, sino que sólo pretendo hacer de eco de un par de libros que tradicionalmente han sido utilizados para poner en contacto el mundo de los vivos con el de los muertos. Y lo hago porque no hace mucho que leí un reportaje sobre horrendos crímenes que se perpetraron contra infantes inocentes y en cuyo trasfondo se atisbaban la lectura de estos libros.
“La Clavícula de Salomón”. Es uno de los tratados de magia más míticos y quiméricos que han llegado hasta nuestros días. Es el legado, en forma de testamento de el rey Salomón a su hijo Roboam, rey de Judá, en el que le trasmite una pequeña, pero importantísima parte de su saber. En el libro se establece la conexión del ser humano con los demonios, su forma de invocarlos y cómo conseguir beneficios de tales relaciones. Quizá este sea el camino por el que el todopoderoso rey de Israel consiguió su saber, no lo sé, el caso es que el libro es nombrado en varios procesos inquisitoriales de España.
“La Gallina Negra”. Es un Grimorio, un tratado medieval de magia en el que aparecen hechizos, invocaciones, diferentes nombres de los ángeles caídos y conjuros, igualmente, para invocar a los seres del averno y ofrecer sacrificios y víctimas, a cambio de favores, generalmente de índole económico.
Lo más curioso de estos dos libros es que en los siglos XVII, XVIII y XIX eran utilizados como guías o vehículos para encontrar tesoros escondidos, eso sí, pagando la posibilidad de encontrarlo, con la sangre de inocentes y vírgenes.
