Separar el Grano de la Paja
¿Se puede distinguir un best-seller de un clásico tan sólo leyendo su primera página?, ¿se puede diferenciar un libro destinado a vender como churros de otro destinado a trascender más allá del entretenimiento a partir de un pequeño repaso de sus primeros párrafos?
Quiero que quede claro que no tengo nada en contra de la señora Ana Botella, que no pretendo hacer apología política encubierta y que sólo me mueven razones literarias, eso sí bastante escépticas, sobre todo, en lo que se refieren a esta nueva moda en la que todo el mundo tiene que ser escritor.
Juan Larrea, amigo de Gerardo Diego, de la mano de quien llegó hasta la poesía, este bilbaíno, le confesaba en las primeras décadas del siglo XX al escritor santanderino que “lo único que me sostiene es la posibilidad de poder ausentarme de este pueblo pecera, de cielo y aires esmerilados” y que “me gustaría vivir de espaldas a tanta necedad y tanto rastacuerismo”.
Esta semana se produce un hito en la Revista de narrador.es. Vamos a publicar, por primera vez en nuestra corta historia, un relato en una lengua que no es la española. El próximo jueves los lectores de este espacio se toparán con una pieza escrita en portugués titulada ‘Um Grito Na Noite‘ y realizada por Luis Garcia.
“Buenos días, venía a pedir un crédito”. “Buenos días, pase siéntese. Bien cuánto necesita y para qué”. “Pues verá, necesito 153 millones de euros y lo que quiero es comprarme un libro”.
Ayer por la mañana me desayunaba con dos noticias aparecidas en medios generalistas que llevaban hasta sus páginas el mundo de los libros, pero alejándose de los grandes nombres, los grandes premios o de la salida al mercado de un nuevo best-seller. En esta ocasión, aunque relegadas al ámbito más local, nos acercaban dos bonitas iniciativas que ahora paso a transcribirles.
Estos últimos días, con todos los temporales de agua, frío y viento que están barriendo la península (que disfruten los del cono sur), se escuchan muchas voces de ciudadanos anónimos clamando las ventajas de la lluvia y suspirando porque la echaban de menos. “Ya era hora” dicen, “porque es lo que toca”. Pues bien, puede que sea lo que toca en esta época del año, pero yo ya empiezo a añorar los días de sol y calor que se extendían hasta casi las 22 horas (y eso que todavía no han cambiado la hora).