P. T. Barnum y el Circo de los Monstruos
El pasado fin de semana lo he pasado en Burgos, una ciudad en la que se aúna lo moderno, lo antiguo y lo clásico, una ciudad en la que si no fuera por el fría castellano que te asola, te puedes divertir culturalmente. Un ejemplo de lo que digo es el Enclave de Calle, que este año cumple su décima edición.
Así todo el centro de la ciudad ha estado ocupado, durante cuatro días por títeres, carruseles, espectáculos de magia y un sinfín de actuaciones sin nombre. Me ha llamado la atención un túnel del terror para niños (y no tan niños), en el que se escenificaba el clásico Circo de los Monstruos del siglo XIX.
Tanto me ha impresionado que estos días he buceado en Internet en busca de aquellos pioneros de lo extraño, aquello exhibidores de frikies que se enriquecieron enseñando al mundo malformaciones y mentiras congénitas.
Phineas Taylor Barnum, es probablemente el máximo exponente de lo que digo y hoy, ciento ocho años después de su muerte, es recordado no sólo como empresario, sino como conocedor de las necesidades de la gran masa de ciudadanos.
En 1855 él mismo escribió “La Vida de P. T. Barnun”, una autobiografía en la que desmenuza su éxito y expone teorías de masas que hoy son perfectamente válidas.
“Todo es válido para vender en la vida”, con esta máxima consiguió ser admirado por unos y odiados por otros. A los quince años se hizo cargo del negocio de su padre, al fallecer éste. Después llegaría la administración de lotería, la edición de un periódico, la cárcel, la aclamación de las masas y la creación del Ringling Brothers and Barnum & Bailey Circus. Un espectáculo en el que la mentira y el espectáculo iban de la mano. Así paseó por medio mundo la sirena de Fidji, que en realidad era el torso de un mono y la cola de un salmón; un enano hipofisario que hizo las delicias, incluso de la reina Victoria de Inglaterra.
“El público está siempre dispuesto a que lo disertan, aunque sepa que lo están engañando”. Y si esta frase era válida hace un siglo, también lo es y por ello Barnum, consiguió ganar fortuna y fama, pero no reputación. Y es esto último lo que le amargaba la vida y por lo que invirtió grandes sumas de dinero.
Quizá su obra más importante, que realizó en busca de prestigio, fuera el Museo Americano, un gran edificio de cinco pisos donde además de representar dramas morales (como “La Cabaña del Tío Tom”), exhibió mujeres gigantes, barbudas, microcéfalos, hermafroditas y enanos.
Por supuesto que el desprecio de Barnum por el Ser Humano, hoy sería inaceptable, pero es cierto que su apetito despiadado por el éxito y sus valores empresariales siguen vivos hoy en día.
Es por lo tanto un libro recomendable que sólo lo he podido encontrar en librerías estadounidenses.
