Pequeños Desencuentros con Paulo Coelho
Los que tengan a bien leerme a menudo (cosa que les agradezco profundamente) sabrán que no está en mi ánimo, ni siquiera en mi forma de ser el descargar el tintero en forma de disertaciones varias lanzadas contra quien no me gusta como escritor. Y no lo suelo hacer porque creo que la escritura es tan plural y tan libre que jamás se tiene que circunscribir a nada ni a nadie.
Pero hay lo voy a hacer (y quizás sea el principio de una descarga de adrenalina literaria contra lo que no me gusta, ya veremos).
Conocí a Paulo Coelho, creo que como muchos otros por su novela “El Alquimista”. Un libro que reconozco que devoré y por el que pensé que había descubierto a un gran autor en el que podría confiar a ciegas, cuando tuviera que elegir un libro. Me equivoqué.
Intenté después leer alguno de sus títulos y me fue imposible. En todos sus libros me encontré con lo mismo: moralina a raudales; karma; seudo religiosidad y sobre todo consejos para ser una mejor persona, para que tu esencia emana paz y amor. Terrible.
Pienso que cualquier escritor es libre de plasmar lo que crea conveniente en un folio, pero la vida es mucho más. Es miseria, tristeza, hijoputismo, brutalidad, maldad… y además aunque hagas el bien, los caminos que sigas pueden estar plagados de minas. Eso sí, por supuesto, con el sufrimiento se llega mucho más lejos que con el bienestar. Que falacia. Que mentira.
Y lo que me ha llevado a escribir este artículo es la columna semanal que escribe en el suplemento dominical XL Semanal, que se vende con algunos periódicos. Por norma general, en esta columna, Coelho nos cuenta más de lo mismo, el bien, el mal, la capacidad que tenemos para discernir entre lo bueno y lo malo, dios, el hombre etc, etc. Pero a finales de julio me encontré con un artículo (era el segundo de una saga de tres, menos mal), en el que nos explicaba paso a paso, qué es lo que había hecho durante el día.
Desmenuzaba por horas, sus compromisos, su jornada de trabajo, con quién paseaba y con quién se tomaba un café. De vergüenza. Tres domingos seguidos cobrando por una tontería semejante… realmente interesante. Supongo que estará bien, que será justo recibir dinero por algo tan insulso como eso. No lo sé, probablemente haya algo que yo no entienda.
En fin, nosotros seguiremos como siempre, en el mundo en el que el dinero llega con cuentagotas y después de sudarlo mucho; en el mundo donde el bien y el mal están tan mezclado que nunca tienes claro si lo que haces es lo correcto y por supuesto, en un mundo donde a veces hacer lo que no es correcto es la única alternativa que tienes.
