El Don
Tengo un don: encuentro escritores muertos. No me refiero a cadáveres: veo, de vez en cuando, escritores o escritoras que han fallecido.
Lo descubrí de niña casualmente y crecí con ello, creyendo primero que era algo normal, pues mi abuela y mi madre también hablaban con difuntos, sin distinción de profesión o raza, aunque sigue siendo un misterio el hecho de que yo me limite a los que han sido cuentistas, poetas, dramaturgos o novelistas. Como las demás mujeres de mi familia (y me consta que algún pariente hombre también) he mantenido esta singularidad en secreto. Es algo muy mío, propio, que no me genera mayor beneficio que el poder hablar con gente tan ilustre que después sigo encontrando en sus libros. Últimamente relato estos encuentros en una página web de narradores, pero los lectores se lo toman como debe de ser: a purita ficción.
Verano, calor, piscinas, playa, escapadas, montes, siesta… y como no, festivales de teatro. Y el Festival de Teatro Clásico de Almagro, que este año cumple su edición número treinta y dos, quizá sea el más importante de España (sin ánimo de polemizar, ni menospreciar al resto de festivales, como el de Olite o el de Mérida).
Si digo que la Literatura es sorprendente, todos estaréis de acuerdo conmigo y a lo mejor algunos piensan que para leer verdades tan de pero grullo, no necesitan estar delante del ordenador. Y tienen razón, pero si analizamos la industria de los libros nos encontramos con paradojas terribles e incomprensibles.
Boris Vian (1920-1959) nació y murió en Francia. Fue poeta, dramaturgo, novelista, cantante, traductor, músico de jazz e ingeniero… en definitiva un hombre hecho para el arte, que pese a provenir de una familia acomodada manifestó en muchos de sus escritos, su descontento con la sociedad que le había tocado vivir.
Curiosa la sociedad que nos ha tocado vivir. Por un lado la tecnología y sus avances nos vienen empujando con mucha fuerza, (el tema de los libros electrónicos, ya tratado en más de una ocasión en estas páginas, es un buen ejemplo) y por otro están el continuo intento por adaptar el libro clásico a las nuevas demandas y necesidades de la población.
Puede ser que estas no sean las fechas más adecuadas, pero lo cierto es que ayer oí a Joan Manuel Serrat cantar “La Saeta” y he decidido dedica reste pequeño artículo a ese poema de Antonio Machado más propio de la Semana Santa.
Ayer viernes se inicio la 22 edición de la Semana Negra de Gijón. Uno de los eventos más esperados para todos los amantes de ese género, a veces tan denostado, como es la Novela Negra, que alcanzó cotas sublimes a mediados del siglo pasado.
Muchas veces, cuando se estrena una película basada en alguna novela, se escuchan voces críticas, denunciando la falta de imaginación de los guionistas de cine, la poca creatividad actual de las personas que trabajan en el séptimo arte o la imposibilidad de realizar un film con la misma calidad que la obra literaria. No dudo que en muchos casos sea así, pero he recordado algunas adaptaciones que realmente merecen la pena.
