La Segunda Vida del Faraón
Egipto, el imperio más poderoso de la tierra acaba de perder a su líder el faraón Keops. El sarcófago real, a hombros de los sacerdotes de Amón, avanza por el corredor que desemboca en el templo anterior a la gran pirámide en la que descansará hasta que Osiris lo resucite en el Duat.
Las antorchas alumbran el interior de la techumbre que se abrasa con sus llamas al lamerla, mientras se escucha la letanía de los sacerdotes que convocan a los dioses de Egipto para que se fundan con el dios muerto Keops en uno solo, solicitando así su protección hasta que este pase las pruebas de Osiris.
El sarcófago de oro puro con el rostro cincelado del faraón difunto, traspasa el dintel del templo funerario y penetra en el mundo de los muertos, dejando atrás para siempre la vida que disfrutó entre los hijos de Amón. Recorren la rampa que asciende hasta la cámara funeraria en la que los artesanos han tallado en granito un sarcófago que permanecerá a salvo de los profanadores de tumbas hasta que el mundo no sea. La hilera de hombres de armas, sacerdotes portadores de luz y mujeres del faraón que plañen su dolor, concluyen su periplo ante el sarcófago en el que se depositan los restos embalsamados de Keops.
Se pronuncian rezos y conjuros que sólo los iniciados conocen y los ruidos y las sombras se entremezclan en una orgía de color, luz y sonido que hace estremecer a quien se halla en el interior de la gran pirámide. Salen los acompañantes dejando en soledad al faraón y caen los rodillos que sujetan las losas de piedra sellando la cámara de manera hermética.
Tras ellos siguen cerrándose las puertas y los sellos encajan dejando oculta para siempre la entrada que jamás se descubrirá ya. Se abrirá otra más arriba en el devenir de los tiempos cuando los arqueólogos decidan dar a conocer al mundo la civilización egipcia pero será junto a los respiraderos por los que los turistas llegados de lejos asciendan hasta la cámara real donde ya no se hallará faraón Keops que estará con sus antepasados en la estrella de Orión.
Así debió suceder en tiempos de faraón Keops cuando Osiris esperaba su momia y Anubis, guardaba su cuerpo ya desaparecido con todos sus inmensos tesoros que acumuló para la posteridad.
Un viaje a la secuencia del tiempo en que faraón el Keops murió y… ¿resucitó?
