El Murciélago de Lucía Etxebarría
Ayer fue el día del libro, San Jorge para los hispano-parlantes y San Jordi (¿es correcto?) para las personas cuya lengua es el catalán, y aunque es un tema muy recurrido y siento mucha envidia (insana) del tratamiento que en este día se le da en Cataluña al libro, no voy a escribir sobre ello.
Y no lo voy a hacer porque hace unos días recibí de un amigo un e-mail muy interesante y divertido. Un correo en el que se acusa a Lucía Etxebarría de haber asegurado en una entrevista televisiva que “murciélago” era la única palabra del castellano que contenía las cinco vocales, sin repetir ninguna.
Por supuesto que no es cierto, y tampoco sé si la historia es veraz o sólo un bulo; evidentemente la supuesta causante de tal revuelo lo ha desmentido, aludiendo a sus conocimientos sobre el lenguaje y la cantidad de carreras que tiene en su poder. Puede ser que tenga razón, pero también es posible que metiera la pata hasta el corvejón, y claro ahora, su obligación es negarlo. Pero ya es tarde, porque a quien más a quien menos, nos quedará la duda y esa duda genera desconfianza.
Zapatero a tus zapatos que decía el sabio refrán. Y aunque el cometido de la dama en cuestión sea el de escribir, a partir de ese momento seguro que mide mucho más su palabras. Porque para bien o para mal, este país no olvida.
Éstas son algunas palabras más que contienen las cinco vocales si repetir: riachuelo, resucitado, taquillero, sugestionar, simultáneo, reputación, persuasivo, putrefacción, muestrario, marisquero, equivocar, esquinazo… y podría seguir hasta el infinito, pero me parece más interesante reproducir la carta que mandó don José Fernando Blanco Sánchez (también supuestamente) a un diario nacional.
“¿Conque murciélago es la única palabra en nuestro idioma que tiene las cinco vocales? ¡Confiturera, frene la euforia! Un arquitecto escuálido llamado Aurelio (o Eulalio o Ausencio) dice que lo más auténtico es tener un abuelito que lleve un traje reticulado y siga al arquetipo de aquél viejo reumático, desahuciado y repudiado, que consiguiera en su tiempo ser esquilado por un comunicante que cometió adulterio con una encubridora cerca del estanquillo (sin usar estimulador). Señora escritora: si el peliagudo enunciado de la ecuación la deja irresoluta, olvide su menstruación y piense de modo jerárquico. No se atragante con esta perturbación, que no va con su milonguera y meticulosa educación, y repita conmigo, como diría Cantinflas: ¡Lo que es la falta de ignorancia!”.
¿Quién dice que la cultura no es divertida?
