Concha Méndez
La Literatura y la Poesía Española XIII
Presentamos hoy al lector la estampa de una mujer singular que rompió tabúes con su conducta social en su época.
Nacida en Madrid en 1898, se educó en un colegio francés cuya influencia se observó en sus primeros versos.
Veraneando en San Sebastián, con 19 años, conoce a Luis Buñuel, y, durante cinco años, serán novios. Ese noviazgo, y la amistad con Alberti y Lorca, la unirán al grupo Generación del 27.
Viaja por varios países, destacando Inglaterra y Argentina. Conoce a Manuel Altolaguirre en 1931, un año más tarde se casan y viven, de 1933 a 1935, en Londres, donde nace su hija Paloma.
Junto con su marido contribuye a la difusión de la obra del grupo Generación del 27, editando colecciones de poesías y revistas como “Poesía”, “Héroe”, “1616”, y “Caballo Verde” para la poesía. Se exilian tras la Guerra Civil a París, y La Habana, aquí hasta 1943. Un año después llegan a México donde se separan. Muere en México en 1986.
Obras:
“La Caña y el Tabaco”, (Inédita)
“Inquietudes”, 1926
“Surtidor”, 1928
“El Ángel Cartero”, 1929
“Canciones de Mar y Tierra”, 1930
“El Personaje Presentido”, 1931
“Vida a Vida”, 1932
“Ha Corrido una Estrella”, 1933-1935, 1935
“El Pez Engañado”, 1933-1935, 1935
“El Carbón y la Rosa”, 1935
“Niño y Sombras”, 1936
“Prólogo de El Solitario” (“El nacimiento”), 1938
“Lluvias Enlazadas”, 1939.
Muestra de algunos de sus poemas:
Eran verdes como un Mar
Eran verdes como un mar,
con reflejos de alto cielo.
-¡Qué bien sabían mirar!-
unos ojos que recuerdo.
En la penumbra lucían
con una luz de misterio,
como dos claros abismos
abiertos a mil deseos.
Muchas horas tuve cerca
los ojos verdes aquellos,
que implorantes me miraban
¡y yo hacia por no verlos!
Y hoy que mirarlos quisiera,
están tan lejos…, ¡tan lejos!
La Risa
Alguien dijo que «la risa
es la gran enterradora».
Algo se me está enterrando
porque río a todas horas.
Los Abrazos que te han Llevado
Los brazos que te han llevado,
no te dejan escapar
para volver a mi lado.
Nos separa un ancho mar
de difíciles tormentas,
y náufrago has de llegar,
si es que vuelves a mi puerta,
para quererte salvar.
Brazos que te sujetaron
para alejarte de mí,
¡a mí sí que me salvaron!…
Cuando ya no sepa de ti
¡qué bien estaré en la vida!,
cuando ya no sepa de ti.
Cuando no vuelvas a verme
y mis horas sean mías
y yo vuelva a ser quien era
lejos de tu compañía:
Cuando no te vean mis ojos,
¡qué bien me sabrá la vida!
No faltará quien se alegre…
Unos, porque no me quieran,
y alguna porque me quiere…
Tan sola no me has dejado,
que estoy conmigo y me basta
-igual que siempre lo he estado…
Ni me Entiendo ni me Entienden
Ni me entiendo ni me entienden;
ni me sirve alma ni sangre;
lo que veo con mis ojos
no lo quiero para nadie.
Todo es extraño a mí misma,
hasta la luz, hasta el aire,
porque ni acierto a mirarla;
ni sé cómo respirarle.
Y si miro hacia la sombra
donde la luz se deshace,
temo también deshacerme
y entre la sombra quedarme
confundida para siempre
en ese misterio grande.
Ven a mí que Vas Herido…
Ven a mí que vas herido
que en este lecho de sueños
podrás descansar conmigo.
Ven, que ya es la media noche
y no hay reloj del olvido
que sus campanadas vierta
en mi pecho dolorido.
