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José Bergamín

Imagen de José BergamínLa Literatura y la Poesía Española XII

Poeta, ensayista y dramaturgo español. (Madrid, 1895 – Fuenterrabía, 1983).

Mantuvo una amistad intensa con Juan Ramón Jiménez y Miguel de Unamuno y fue discípulo de éste.

Estuvo íntimamente ligado a la Generación del 27, entre otras facetas, como editor.
Maestro de la paradoja, se dice de él que fue un auténtico fantasma en el mundo cultural español.

Tiene como temas favoritos los mitos literarios españoles, el Siglo de Oro, la mística, la política y la tauromaquia.

Escritor comprometido políticamente.

De entre su obra poética podemos citar:

“Desvarío Sentimental”
“Claridad Desierta”
“Apartada Orilla”
“Rimas y Sonetos Rezagados”
“Duendecitos y Coplas”
“El Otoño y los Mirlos”
“Velado Desvelo”

Dejamos aquí algunos de sus poemas:

Agua Sólo es el mar; Agua es el Río…

AGUA solo es el mar; agua es el río,
agua el torrente, y agua el arroyuelo.
Pero la voz que en ellos habla y canta
no es del agua, es del viento.
Agua es la blanda nieve silenciosa
y el mundo bloque de cristal de hielo.
Pero no es agua, es luz la voz que calla
maravillosamente en su silencio.
Agua es la nube oscura y silenciosa,
errante prisionera de los cielos.
Pero su sombra, andando por la tierra
Y el mar; no es agua, es sueño.

(Rimas y sonetos rezagados)

A Rafael Alberti

EUROPA no habla griego, que habla gringo
creyendo que está hablando el europeo:
Babélico balido y balbuceo
que se americaniza de vikingo.
Nunca sonó un imperio carolingo
tan incontinental cocacoleo.
Ni encontró un Bonaparte a su deseo
tal respuesta, responso, ni respiro.
Respuesta que es apuesta y desatina.
Responso a la difunta Gran Bretaña.
Respingo que lo da quien más se empina.
Y mientras se la ignora o se la extraña
a una Europa, que, al serlo, fue latina,
ya no se habla en cristiano ni en España.

( Rimas y sonetos rezagados)

(De Duendecitos y Coplas)

La vida es nuestra pasión.
La verdad, nuestra razón.
(Cuando de verdad queremos ?lo que de vida sonamos—
La verdad, la padecemos, ?la vida, la razonamos.)
La vida es nuestra razón.
La verdad, nuestra pasión.

(De Rimas y Sonetos Rezagados)

LA vejez es una máscara:
Si te la quitas, descubres
el rostro infantil del alma.
La niñez te va siguiendo
durante toda la vida.
Pero ella va más despacio
y tú andas siempre de prisa.
Cuando la vejez te llega,
no es que vuelves a la infancia,
Es que moderas el paso
y al fin la niñez te alcanza.

(Del Otoño y los Mirlos)

SUENA tu voz lo mismo que un lamento
o que un grito perdido en lejanía;
como una luz que hiere el horizonte
y lo abre a soledades infinitas.
Es penumbrosa claridad el sosiego
de la tarde. La lumbre mortecina
de tu alma, pelea con las sombras
del tiempo, que la cubren de ceniza.
Los ecos del silencio hasta tu oído
unos pasos lejanos aproximan.
Y es otra muda voz la de la sangre
que en tu cansado corazón palpita.

Epílogo de Doble Estío

Este callado arder de oculto fuego
en que, sonando, el alma se ensimisma,
es cenicienta, remansada lumbre,
o llama que me punza y me lastima.
Siento que se separan mis recuerdos
de un solo recordar que los olvida:
Que una sola esperanza me separa
de tantas esperanzas ya perdidas.
Y el punzante dolor me va clavando,
como un latido, su aguzada espina,
que, al encontrar mi llaga más secreta,
por el herido corazón respira.

(Rimas y sonetos rezagados)

(De Apartada Orilla)

COMO quien oye llover

te pido que oigas mis versos:
Con atención tan profunda
como se escucha el silencio.
Como se escucha a los árboles
cuando los menea el viento,
y caer, como hojas secas,
las horas muertas del tiempo.
Como el crepitar sonoro
de las llamas en el fuego,
y en los cielos el callado
arder de los astros muertos.

Al Volver

Aquí nació mi vida a la esperanza
y aquí esperé también que moriría;
ahora que vuelvo aquí, parecería
que el tiempo me persigue y no me alcanza.

Detiene otoño el paso a la mudanza
que en la luz, en el aire se extasía;
los árboles son llamas, su alegría
enciende ya mi bienaventuranza.

Todo pasó. Todo quedó lo mismo:
como si en este otoño floreciera,
ardiendo en el fulgor de su espejismo,

última para mí, la primavera;
abismo del no ser al ser abismo,
la eternidad del tiempo prisionera.

Antonio Senciales  

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