Bibliocausto: Las hogueras Malditas
Hace bastantes meses, en un artículo titulado “Fahrenheit 451”, describía haciendo un repaso a la novela de Ray Bradbury, como los libros y todo lo que ellos nos enseñan, son perniciosos para las aspiraciones subyugantes de cualquier régimen político autoritario que a fuerza de impedir que se lea, cree que puede imponer sus ideas.
Hoy sólo pretendo hacer un pequeño homenaje, recordando las hogueras malditas, a todas aquellas personas que arriesgando su propia vida intentaron por todos los medios que se salvaran de las llamas miles de libros.
Fue en 1933, poco después de que Hitler asumiera el poder en Alemania. Ya se había declarado que había una serie de enemigos del nuevo Reich y por eso tenían que intentar detenerlos a ellos y a su cultura. El 5 de mayo en la Universidad de Colonia los alumnos sacan a la calle y queman todos los libros de escritores, ensayistas o pensadores judíos.
El día 6, las juventudes del Partido Nazi saca media tonelada de libros del Instituto de Investigación Sexual de Berlín y los echan al fuego. El día 10 los estudiantes, eufóricos hicieron una hoguera con 25.000 libros prohibidos por el nuevo régimen, sacados de la Universidad Wilhelm Von Humboldt.
Ya no había vuelta a tras, toda idea plasmada en papel que no estuviera de acuerdo con los estrictos preceptos nazis, sería quemada por eso deberíamos tener muy en cuanta las palabras de Heinrich Heine: donde los libros son quemados, al final también son quemados los hombres.
En Argentina, entre los años 1976 y 1983, época que duró la dictadura en la que una Junta de Comandantes asumió el poder después de derrocar al Gobierno Perionista, ocurrió algo muy parecido a lo de la Alemania Nazi.
La idea del nuevo Gobierno era la de purificar el ser argentino y para ello no dudó en quemar todos los libros que consideraba subversivos o tirarlos a las alcantarillas o pozos ciegos.
Margarita Aguirre, Pablo Neruda y Julio Godio León Trotsky, Mao Tse-Tung, Ernesto Che Guevara, Fidel Castro, Juan Domingo Perón, Tomás Eloy Martínez, Vo Nguyen Giap son sólo un triste ejemplo de todos los escritores declarados perniciosos y perjudiciales para la nueva moral argentina.
Por todas las personas que pelearon e incluso dieron su vida por y para la cultura, quiero terminar este artículo con una cita de R. W. Emerson, que intenta infundir un poco de esperanza en todos estos actos de barbarie: Cada libro quemado ilumina el mundo.
