La Canción del Muerto
¡Tú!, ¿qué miras?, ¿te doy asco?, ¿miedo?, ¿qué?
¿Qué es lo que no te gusta?, ¿tengo yo la culpa acaso?, ¿qué es lo que no te gusta?
¿Que no esté vivo?, ¿qué no esté muerto? Peor eres tú, tú no me gustas.
Me ha abandonado la vida y la muerte no me ha alcanzado, ha ocurrido y punto.
¿Te repugna mi cara?, ¿mi aliento?, ¿mis ojos?, ¿mis manos, acaso?
Tienes miedo de que te toque, no tienes porqué tener miedo, no tienes derecho a tenerme miedo, tu eres peor que yo, ¡tú eres un cobarde!
¡Mira!, mira esos jirones que cuelgan de mis manos, esos jirones de piel…,
se caen, no puedo evitarlo.
Mira mi cara, hace tiempo que perdió su color rosado,
que mis labios ocultaban la lengua, que los ojos veían, que mis orejas oían.
Ahora mi cara es de un color azulado, se cae…
¡Mira las pústulas que aparecen en mi piel!, mis labios han perdido su color,
mi boca no puede sujetar la lengua, mis dientes no se sostienen firmes,
mis ojos no tienen color, son del blanco de los dientes en los que habitan los gusanos…
¿te repugna mi cara? Hace poco era como la tuya,
ahora se marchita a marchas forzadas, pronto no tendré dientes ni labios, ni ojos,
ni orejas.
Mis manos no pueden sujetar, están débiles, mis uñas se rompen, las yemas de los dedos no saben ya tocar.
Mi vientre está hinchado, azul, sucio, huele a podrido, ya no quiere tu comida,
la comida de los hombres es insípida como una vida sin luz.
Y eso que tengo entre las piernas ya no es sexo y se ha podrido,
como el resto de mi cuerpo…, como tu espíritu.
Yo ya no tengo miedo, en cambio tú siempre lo has tenido, siempre lo tendrás,
Tú eres un monstruo que sólo ama lo que olvida… Cuanta más vida ajada, más belleza perdida. Y yo soy lo que fueron los hermosos vencidos de ayer.
¡¿Qué miras?!…, ¿a otro lado?, ¿al suelo?, no me miras, te doy asco, y miedo.
Peor eres tu, tú que vives una vida a disgusto,
que temes a una muerte que no conoces, tú, que odias tu vida y temes tu muerte,
¡tú eres el monstruo!
Mis piernas ya no me sostienen pero aún me arrastran ¿dónde?, no lo se,
seguramente a la muerte, una muerte infinita, quizás la muerte me alcance de una vez, ya va siendo hora, en cambio tú…
Te aferras a tu vida, tu vida insulsa, ¡sal!, sal fuera, deja que el aire limpio te acaricie, que el sol te de en la cara…, pero nótalo, siéntelo por cada poro de tu piel,
verás que tu vida no es tan mala
y cuando te alcance la muerte recíbela con los brazos abiertos,
como quien recibe a ese amor que creía perdido,
como quien cae en un sueño placentero.
Te doy asco y miedo, pero me has estado mirando
¿temes ser como yo?, ten miedo pues…, no estás tan lejos de ello, monstruo.
