Desvíos | Google

DESVÍOS
Desde siempre quiso ser escritora.
Escribía cuentos ambiciosos, los podaba para adaptarlos a los concursos, los obligaba a viajar en sobre amarillos.
A veces la llamaban porque había ganado. Se perfilaba los labios y salía al estrado. Cuando miraba desde arriba, el público le parecía una nube ruidosa. Esa misma noche apuntaba en su libreta otra convocatoria. Se dormía pensando en folios DIN A4 mecanografiados a doble espacio por una sola cara.
Pasaron los años. Ya no cogía el teléfono al primer timbrazo. Los cuentos adelgazaron tanto que se tornaron novelas. Le compraron los derechos para una película de acción. Los periodistas se sabían su nombre. Tradujeron sus palabras al inglés, francés, italiano y muchas otras lenguas no romances. En su casa, en la vitrina, tenía uno en checo. Le fascinaba contemplar, bajo su foto, aquellas líneas incomprensibles.
Tenía agente. Los labios se le fueron secando. Ya no se subía a cualquier estrado.
Un día comenzó a sentir angustia. Los personajes de su novela se contagiaron. Las tramas empezaron a simplificase. Las vueltas de tuerca se pasaron de rosca. La heroína se vio una arruga en el espejo, el galán empezó a hacerse preguntas. Los malos se pusieron a tener remordimientos. Los buenos se deprimieron.
Se pasó de caracteres. Le salieron dos volúmenes. La editorial se quedó perpleja. La actriz de moda que iba a protagonizar la secuela se entusiasmó. Empezó a ensayar ese gesto entre la soledad y el miedo. El productor negó con la cabeza. El público no quiso cargar con aquel libro tan triste en el metro.
Ya no tenía agente. Ya no había ruido. Desde siempre quiso ser escritora.
GOOGLE
¿Sabes que hay 3.536 referencias a ti en el Google? Las he recorrido una a una, y gracias a ellas, sé que, desde que me dejaste, tu carrera se ha puesto a silbar como una locomotora. He visto tus fotos recogiendo premios, las entrevistas con la prensa, y hasta tu nombre escrito con letras historiadas en el programa de una conferencia internacional. Gracias al Facebook, no me he perdido detalle de tu reciente mudanza a Manhattan, del nacimiento de tu hija Cristina y de la adquisición de ese cachorro de orejas caídas. Para contrarrestar tu avalancha de éxitos, he tenido que exprimir mi imaginación. Me he fotografiado sonriendo en fiestas prestadas, he trucado algunas fotos y hasta he hecho circular algunos bulos halagadores en diversos foros de Internet. Mi última idea ha sido publicar un blog con una estilizada biografía incorporada. Durante más de un mes, he visitado enfermizamente mi contador de visitas. Miro a Nueva York y espero que aparezca una de esas banderitas que delatan en un mapamundi a mis lectores en cuanto se asoman. Hoy, por fin, una ondeaba sobre tu nueva ciudad. Sé, no me preguntes cómo, que has sido tú la que me ha dedicado 45 segundos y se ha marchado sin dejar comentarios.
Narración: Miriam Márquez
Ilustración: Jesús Prieto y Carlos Delgado
