Arthur Miller y el Ángel Rubio
La ciudad estaba luminosa; ni una nube en el cielo, temperatura agradable y ese sol de otoño que me recordaba con una extraña mezcla de añoranza y rencor el maravilloso y corto verano pasado. Había salido a pasear sin rumbo, para dejar que mis pensamientos, como mis pasos, tomaran la dirección que quisieran y éstos habían evocado con maravillosa exactitud maravillosos momentos pasados.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define aforismo como sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte. 
Escritores y Ciudades
A principios del mes e agosto en un artículo que titulé
La primera ciudad que vi en Italia fue Siena. Una pequeña población grandiosa a causa de su historia. Historia que permanece viva en sus costumbres, de tradiciones medievales, que supieron fascinarme. 
¿Fue por este río de sueñera y de barro que las proas vinieron a fundarme la patria? — se preguntaba el poeta.
Salimos del teatro Arriaga rebosando de todo lo que habíamos visto y, sobre todo, oído, es decir, de los diálogos en bucle de “Faemino y Cansado”, con su “que va, que va, que va ¡yo leo a Kitkegaard!”, su “hola-hola-y-él-dijo-qué-dijo-hola-hola”. Caminábamos recordando sus conscientes malas imitaciones, parodiándolos, con más ganas que arte, y riendo, conversando y tarareando bajo los influjos del buen humor y el buen cuerpo que te deja ir al teatro. Enfilamos la calle Bidebarrieta para adentrarnos en el Casco Viejo. 