Te Pido la Palabra | Lo Que Nunca Te he Dicho

Te Pido La Palabra
… el sol es una lágrima en un ojo
que no sabe llorar.
J. Sabina
Si me hablas de amor,
me gustan las palabras con ruido
de paso de peatones
y de coches que llevan la contraria,
de terraza con vistas a una conversación,
de silencios que duran
igual que la calada que le das al cigarro,
mientras yo me pregunto por qué,
por qué buscas en todas partes
lo que tienes tan cerca de nosotros.
Pero no digas nada. Simplemente
no dejes que termine el día:
tu risa huele a abril y a cielo despejado,
hueles a ganas de vivir contigo,
y me quedo tan solo con los buenos momentos.
No permitas que nadie
registre entre tus huesos buscando un corazón.
Será como vivir
sin que nadie me impida decirte que te quiero.
Y si nada es lo mismo y todo
es como un río que se va y no vuelve,
por mucho que lo ignores
seguro que las Páginas Amarillas están
llenas de gente que te quiere.
Ahora sabrás por qué
cuando buscas un taxi, y lugares sin nombre,
el sol es una lágrima en un ojo
que no sabe llorar.
…
Este silencio invita a la nostalgia:
si no suena el teléfono eres tú.
Lo Que Nunca Te he Dicho
Tiene la noche luces de puerto abandonado.
Pero quiero que sepas lo que nunca te he dicho
–porque soy lo que lees–, quiero que sepas
que guardo para ti un abrazo futuro
en un rincón sin nadie del planeta.
Solos los dos, sin más,
cuando menos lo esperes.
Tú me recetas tiempo,
un poco de paciencia ante las dudas
y los primeros síntomas de la desilusión.
Pero sabes que somos aquello que esperamos,
cada mano que lleva a un lugar diferente,
esta luz insumisa tatuada en los ojos,
enredada en las sábanas sin temor al vacío.
Si no fuera tan cierto, pensaría
-y puede que no sea una respuesta-
que no hay un temblor de lluvia en los tejados tristes
de esta ciudad del Sur que tú mirabas,
un martirio de alas en cada amanecer,
un corazón mojado bajo la hierba húmeda
del parque con perfume de lluvia en tu cabello.
Aunque tenga la noche luces de puerto abandonado
y mientan los que dicen que es imposible, que
desde tus altos ojos no puede verse el mar,
que no sabes sin alas acariciar el cielo,
serás capaz, cuando me abraces,
de destruir el hielo de mi boca sin ti,
de desplazar el eje de la Tierra.
¿Para que renunciar?
Cierro los ojos:
la vida, ese secreto que guardamos a medias.
Me gusta tu silencio con ruido
de coches que no pasan,
calle cortada al tráfico.
Hace tiempo que miro por el retrovisor
buscando tu silueta donde se acaba el cielo.
Si me miras, por un instante solo,
el mundo está bien hecho.
Y pensar que pudimos no encontrarnos…
Narración: Alejandro Lérida
Ilustración: Carlos Delgado y Jesús Prieto
