Borges y Buenos Aires
Escritores y Ciudades
¿Fue por este río de sueñera y de barro que las proas vinieron a fundarme la patria? — se preguntaba el poeta.
Y añadía: …por un río de azulejo, …en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron. Es que mil y otros mil arribaron por un mar que tenía cinco lunas de anchura, poblado de sirenas y endriagos e imanes que enloquecen la brújula… en el Riachuelo, en la Boca y en mi barrio, Palermo… Y algún piano que mandaba tangos de Saborido… Así se me hace el cuento que empezó Buenos Aires. La juzgo tan eterna como el agua y como el aire.
Son palabras de Borges en Fundación mítica de Buenos Aires.
¿Cuánto se debe amar una ciudad para tanto citarla, imaginarla, meterla en los cuentos, cantarla en letras de tangos y milongas? ¿Cuánto?
Borges lo hizo muchas veces, muchas. Borges fue autor de letras de tangos y milongas, extremo que quizás no conozcan muchos no argentinos (hablo desde España).
Comenzó quizás bien joven, en 1923, a escribir sobre su adorada Buenos Aires. Así, en Fervor de Buenos Aires, empieza diciendo: ‘Las calle de Buenos Aires ya son mi entraña…’.
Nos habla de Maldonado a través de sus cuentos y letras tangueras —Alguien le dice al tango— con música de Astor Piazolla y letra de Jorge Luis Borges:
Tango de aquel Maldonado
con menos agua que barro,
tango silbado al pasar
desde el pescante del carro.
Tango que fuiste feliz
como yo también lo he sido,
según me cuenta el recuerdo;
el recuerdo fue el olvido.
Buenos Aires no te olvida,
tango que fuiste y serás.
Nos cuenta historias del barrio de Palermo, de Nicanor Paredes y de milongas en “A Don Nicanor Paredes”, milonga con música de Piazolla y letra del escritor:
Venga un rasgueo y ahora,
con el permiso de ustedes,
le estoy cantando, señores,
a Don Nicanor Paredes.
No lo vi rígido y muerto.
Lo veo con paso firme
pisar su feudo, Palermo.
…
Ahora está muerto y me digo:
-¡Qué hará usted, Don Nicanor,
en un cielo sin caballos,
sin vino, retruco y flor!
Nos lleva al barrio del Triunvirato y ‘del compadrito (milonga El títere) que era patrón y ornato de las casas menos santas de aquel barrio, atildado en el vestir, medio mandón en el trato; negro el chambergo y la ropa, negro el charol del zapato, bailarín y jugador, no sé si chino o mulato.’
Borges continúa hablándonos de tangos apaches y de milongas, de Buenos Aires y de sus barrios, en sus relatos “El hombre de la Esquina Rosada”, “El Sur”, “El puñal” o “El Aleph”, y no deja de embelesarnos con citas del bandoneón de Piazolla, de la orquesta de Malingo o, como contrapunto, de la de Daniel Baremboin, del violín tanguero de Yehudi Menuhin, y mientras le leemos imaginamos firuletes y quiebres de mirada y hasta le vienen a uno a la memoria ecos de claves lunfardas utilizadas en zonas de Buenos Aires.
Hay quien dice que el tango es Buenos Aires y quien que Borges es Buenos Aires mismo.
Nunca ha dejado de llamarme la atención tanto amor por una ciudad.
En otros artículos intentaremos ligar a otros escritores y ‘sus’ ciudades queridas.
- Literatura y Ajedrez (II)
- Boris Gold: Versos Bonaerenses
- Pablo Giordano: simplemente, el Autor de ‘La Muerta’
