Juan Manuel de Prada y los Sobacos Peludos
Aunque los domingos ya no son esos días donde la relajación de la compañía familiar te invitaba a haraganear en casa y devorar todo el periódico completo, yo intento (aunque no siempre lo consigo), leer el diario de turno y la revista que imperturbablemente le acompaña.
La mayoría de las veces disfruto de la lectura, pero hay algunas en las que simplemente me sorprendo. Y ocurre de tal modo que es imposible que dentro de mí quepa otra reacción, al menos en la siguiente media hora. Y no hablo de esas sorpresas agradables, terribles, inauditas o inesperadas que nos deparan las siempre inquietantes noticias, sino de algún reportaje o artículo de opinión.
Es lo que me ocurrió el pasado domingo 15 de junio. Había acabado ya con las secciones que me habían parecido más interesantes de XL Semanal y leí al final, como siempre, los artículos de opinión. Juan Manuel de Prada posee un sección fija titulada “Animales de Compañía” y en ella nos desvela sus inquietudes, pensamientos y preocupaciones en torno a un sinfín y variopinto catálogo de temas.
Pues bien, el día en cuestión el artículo se titulaba “Rarezas” y haciendo honor al título, el escritor nos iba abriendo su corazón para mostrarnos que él, como cualquier otro ser humano, está atacado por una serie de extravagancias singulares, algunas de ellas originales y por supuesto todas ellas inofensivas.
Así nos enteramos todos por fin, de que cuando pasea por la calle procura no pisar las juntas de los adoquines de las aceras; que intenta adelantar a los peatones que le preceden y que le gusta cortar el queso de una determinada manera.
Pero hay más, porque el vasco-zamorano dejó para el final del artículo la bomba de las bombas. Como postre bien azucarado nos dijo que se muere por los sobacos de las mujeres sin depilar. ¡Y olé!
Por si no ha quedado claro, los dos últimos párrafos son pura ironía. Ya que no entiendo muy bien ese desprecio a un espacio público que le posibilita el expresar opiniones y tener muchos cientos de miles de lectores. Porque realmente pienso que el artículo es una especie de burla a los que le leemos, como si por el simple hecho de ser un escritor reconocido, todo valiera a la hora de escribir en una revista.
Pues no señor, no todo vale. A mí me gusta que se esfuercen, porque es su trabajo y si realmente piensan (pluralizo porque no es el único ejemplo), que los paletos que leemos la revista los domingos sólo nos merecemos una retahíla de absurdas psicomanías freudianas, no merecen más mi atención.
Quizás soy un poco antiguo, pero opino que a quien se le abre una ventana para que grite a los cuatro vientos sus ideas, debería hacer un ejercicio de reflexión y meditar que quien compra sus libros, también lee sus artículos. Merecemos un respeto.
