Frank McCourt, El Premio a la Madurez
Como el último artículo que he publicado recientemente, “La Saeta de Antonio Machado: Nostalgia y Melancolía” se llevo una buena parte de mis pesares y temores estivales, hoy voy a hablar de un hombre, un escritor cuyas novelas me llenan de optimismo. Y no estoy hablando del contenido de las mismas, sino de cuando fueron escritas.
Frank McCourt escribió su primer libro con 66 años. “Las cenizas de Ángela” es una obra autobiográfica que aparte de reportarle fama internacional fue merecedora en 1997 del Premio Pulitzer. Después vendrían “Los Es” en 1999, “El Profesor” en 2005 y “Ángela y el Niño Jesús” en 2007.
Y aunque hoy no voy a escribir nada del contenido de sus novelas, no quiero que se malinterprete, ya que considero que el señor McCourt es un magnífico novelista. Lo que pasa es que quiero hacer hincapié en que esta profesión tan dura que hemos elegido, además de problemas y noticias poco halagüeñas, de vez en cuando nos regala historias hermosas en las que reflejarnos y a las que mirar en esos momentos, en los que pensamos que hemos errado en la elección del oficio.
No sé si el profesor McCourt pretendía la notoriedad que ha cosechado o simplemente necesitaba escribir y extraer todos los recuerdos que se le fueron amontonando a lo largo de los años, yo personalmente prefiero pensar que “Las Cenizas de Ángela” es fruto de una necesidad altruista de contar experiencias, porque así, egoístamente, consigo un referente, un punto en el horizonte al que agarrarme en los difíciles momentos en los que la historia que estás imaginando, no llena la soledad de escribirla.
Pero voy a acabar aquí el artículo, porque en contra de mis deseos, las líneas se han ido volviendo sombrías y grises, cuando pretendían ser luminosas y azules. Ojalá Frank McCourt, ese profesor irlandés jubilado, continúe durante muchos años escribiendo novelas y enseñándonos que con ilusión, todo es posible.
