Crónicas de Caminos 3 y 4
3.
Ya con trece o catorce años mis padres me dejaban ir con los amigos a las verbenas de los barrios de mi ciudad. Estaba de moda oír en los espectáculos públicos canciones y coplas populares.
Había una copla que decía algo así como ‘las españolas cuando besan es que besan de verdad…’.
Cuando tonteábamos con nuestras amigas del grupo, nos creíamos ya tan ‘mayores’ que presumíamos de novia y siempre que escuchaba aquella copla, me reafirmaba en mi creencia de que cuando mi chica correspondía a mis besos robados, me estaba besando ciertamente de verdad, como en la copla.
¡Qué gran ilusión, jolín!
4.
A mi amigo Nicasio le llamábamos cariñosamente ‘Chato’ por la gran prominencia nasal de que hacía gala y más de una vez he evocado los enfados que agarraba con ello.
Era alto y fuerte y el guardameta casi imbatible del equipo de balonmano de nuestra clase en los últimos cursos de bachillerato.
Cuando le dirigíamos tal apelativo nos contestaba que nos iba a dar un ‘zumbío’ (vulgarismo por zumbido), y nos reíamos todos. Se hicieron famosos sus ‘zumbíos’. Decíamos: ‘Mira, Chato, un zumbío volando’. Lo repetía tanto que todo nuestro entorno lo suponíamos poblado por los ‘zumbíos’ aéreos de Nicasio.
No pueden imaginar el jolgorio que se armó en clase de literatura el día en que nuestro profesor comenzó a recitar: `Era un hombre a una nariz pegado….’.
Fuimos muy crueles en ocasiones con nuestro amigo Nicasio. Por ello sentí una gran alegría cuando hace tres años nos reunimos en mi ciudad veinte de aquellos antiguos compañeros de estudios, con esposas incluidas, y pude comprobar, no sin cierto estupor, que todos se dirigían a Nicasio cariñosamente con el nombre de ‘Chato’ como si tal cosa.
